Inconsistencia

Enrique tenía 35 años cuando lo conocí. Lo puso en contacto conmigo un profesor que tuve en el master de counseling. Cuento su historia para tener una idea de quién era y su situación. Su padre tenía problemas con el alcohol. Llegaba a casa ebrio todos los fines de semana. Solía gritar, pelear y terminaba pegándole a la madre. Ella calculando la hora en que llegaba su marido acostaba antes a sus hijos, al menos para que no presenciaran lo que sucedía. 

Enrique tenía 7 años y su hermano 8. En una ocasión la pelea fue tan fuerte y violenta que Enrique alarmado salió a ver qué pasaba. El padre estaba tan enojado que al verlo, se le acercó y le propinó una bofetada. Perdió el equilibrio y cayó al suelo. El padre continuó la violencia dándole patadas al niño. Todo esto en medio de gritos e insulsos varios. La madre gritó fuerte, los vecinos intervinieron, llamaron a la policía quienes acudieron lo más pronto que pudieron.


Su vida se desenvuelve en forma normal. En casa no se habló del hecho. Terminó con éxito sus estudios y se sentía contento.

Enrique fue a parar al hospital con dos costillas rotas y politraumatismos. Después de esta agresión la madre se divorció del padre y obtuvo una orden de alejamiento. Se mudó con sus dos hijos a la casa de sus padres. A los 17 años Enrique pierde al padre de una cirrosis hepática. 

Consiguió trabajo en una fábrica como programador de sistemas. 

Enrique comienza a tener problemas en su trabajo a causa de su jefe. Era un hombre enérgico y de mal carácter. Cuando se enfadaba alzaba la voz más de lo normal y en ocasiones ofendía al personal.

Él no se explicaba lo que sucedía, pero cuando percibía que su jefe perdía la paciencia se sentía mal. Comenzaba a sudar, temía, se le cortaba la voz y se ponía muy nervioso. En una ocasión sufrió un ataque de pánico. La situación se estaba poniendo crítica y estuvo a punto de dejar su trabajo. Es ahí cuando decide pedir ayuda.

Ese ejemplo podrá ilustrar el tema que quiero tratar: Las inconsistencias

Nosotros tenemos dos memorias. La memoria de los hechos y la llamada memoria afectiva. En la primera guardamos momento concretos: un viaje realizado, una mudanza, un examen, la muerte de algún familiar, etc. En la segunda memoria, llamada afectiva, guardamos  los sentimientos que nos produjeron dichos hechos. 

Podemos llegar a “olvidar” hechos o acontecimientos concretos, sobre todo cuando estos han sido muy dolorosos: una violación, la violencia psíquica o física, etc. Pero lo que jamás se olvidará son los sentimientos que nos produjeron dichos acontecimientos. Cuando la persona se encuentra en una situación similar a la que le produjo dolor, sufrimiento, violencia, aunque no recuerde lo sucedido, sentirá temor, ansia, inquietud. Se activa la memoria afectiva. 

En el caso de Enrique, él había ocultado por completo (rimoso, como diría Freud) aquel suceso que le produjo tanto dolor y hasta lo llevó al hospital. Cuando se encontró con un jefe que alzaba la voz más de lo normal y se ponía violento, se le activaba esa memoria afectiva y se sentía muy mal sin saber la causa concreta.

¿Qué son las inconsistencias? Inconsistencia es el antónimo de consistencia, en este caso marcado por el prefijo “in”, que significa fuerza y rigidez en alguna situación concreta o cosa. Inconsistencia hace referencia a aquello que es vulnerable, que puede alterar su normal funcionamiento, aquello que no es firme ni sólido. En pocas palabras una debilidad, una herida producida en nuestro pasado y que “arrastramos” con nosotros. 

Es importante en un proceso de crecimiento identificar nuestras inconsistencias. Nuestros puntos débiles y asumirlos, integrarlos a nuestra vida. Se piensa erróneamente en luchar contra ellas y eliminarlas. Mientras más se trata de hacer esto, se vuelven más fuertes y crecen. El punto está en conocerlas, saber que existen, que están ahí. Este hecho ayuda a quitarles la fuerza destructiva que pueden tener. No podemos regresar al pasado, no somos responsables de nuestro pasado, pero sí de nuestro presente y futuro. Esto sí depende de nosotros.

En el caso de Enrique la violencia sufrida le produjo una inconsistencia. Pero no era consciente de ello.

Comenzamos nuestro camino de crecimiento, de conocimiento personal. Me gusta trabajar con el individuo basándome en su historia personal. Le pedí a Enrique que comenzara a escribir su historia lo más detallado posible. Le proporcioné un esquema que se dividía básicamente en tres: niñez, infancia, adolescencia, juventud. Nos veíamos todas las semanas. Llegaría a la consulta y me leería lo que había escrito y de ahí comenzaba nuestro encuentro.

Comenzó su historia y a cierto punto, llegando a los 7 años no quiso seguir escribiendo. Hasta quería abandonar el trabajo. Lo motivé a continuar. Que se tomara un tiempo, pero que siguiera. Que no se negara esta oportunidad que se le estaba brindando. Que no temiera, yo estaba a su lado y lo sostendría en todo momento. 

Pasó una semana y en nuestro próximo encuentro, al momento de leerme lo que había escrito, comenzó a llorar como un niño pequeño. Había recordado todo lo que había sucedido aquel fatídico día en que su padre lo había maltratado hasta mandarlo al hospital y lo había puesto por escrito. Lo dejé que se desahogara y al final lo abracé fuerte. 
Había identificado una consistencia en su vida. Había activado la memoria afectiva que esta vez estaba en conexión con su memoria de los hechos. Comenzó a sanar esta gran herida. A grandes rasgos he redactado este proceso de crecimiento de Enrique. Evidentemente no es tan fácil y hay que saber realizar dicho trabajo. Mis conocimientos psicopedagógicos y de couseling me permiten poder ayudar en este proceso

Soporte bibliográfico

AGUILERA J. Fragilidades: una aproximación a la inconsistencia de lo humano, Barcelona, 2016.

CENCINI A. I sentimienti del figlioBologna, 1998.

Dizionario di Science della Educazione, Roma, 1997.

GUARDINI R., la etá della vita, Milano, 2015.

MORENO J., Ser humano, los vínculos, la crianza, Buenos Aires, 2002.

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