Diente de león

Me quedé en silencio observándolo. El diente de león se levantó con maestría y se dejó llevar por el viento. No opuso resistencia y éste lo llevó lejano. Se perdió en el horizonte. Un instante, un momento, liviana presencia.

En ocasiones la vida misma es así. Se convierte en viento que te lleva. Circunstancias, momentos que no dependen de ti. Cosas que no puedes cambiar que se presentan. En ocasiones no estás preparado y te pueden sorprender.

Dejarse llevar por el viento, no oponer resistencia. Mientras más resistencia, más dolor, impotencia, sufrimiento. No hablo de la resignación (palabra negativa, destructiva en sí) hablo de aceptación.

Aquel diente de león fue transportado quién sabe dónde. Llegaría a una tierra lejana donde germinó y se convirtió en planta.

La naturaleza es un libro abierto del cual podemos aprender y mucho.

De niño me gustó mucho una oración de Reinhold Niebuhr, teólogo estadounidense, que lleva por título: “oración de la serenidad”. Aún la repito, sobre todo en los momentos difíciles: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, la sabiduría para conocer la diferencia; viviendo un día a la vez, disfrutando cada momento, aceptando las adversidades (que no puedo cambiar) que me encuentro en el camino”.

2 comentarios sobre “Diente de león

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