La rosa y el colibrí

¿Por qué tan sola? – le preguntó el colibrí a la rosa?

Pues no estoy sola. Me acompaña el sol con sus cálidos rayos. La brisa con su frescor sin igual. El amado rocío me hace la visita muy temprano y hablamos de cosas sin parar. Ahora estás tú, pequeño y hermoso pajarito, tan pequeño y bonito que mi mirada alegra sin más. 

Se acercó más el colibrí, pues quería admirar aquella hermosa flor. 

¿Sabías que eres muy bonita? – le dijo mientras la miraba – 

Supongo que sí, (más de uno me lo ha dicho) pero ¿sabes una cosa?, es lo que menos me importa. Me gusta mostrar todo mi esplendor. Exhalar mi precioso perfume sin importar si ha de ser apreciado o no. Sé que hoy estoy, pero pronto no estaré, lenta me marchitaré y poco a poco desapareceré. Por eso quiero expresar lo que dentro de mi siento. 

¿Cómo te llamas? – le preguntó la rosa – 

Ramiro– le respondió con ternura – 

Hermoso nombre tienes. Yo me llamo Rosa. Vivo aquí desde hace poco tiempo, por ello aprovecho cada momento que se me regala. La vida siento que resbala por mis delicados y perfumados pétalos. Puedo decir sin pudor que soy feliz en este momento, por el mañana no me atormento, lo que ha de ser será.

¿Pero cómo se puede ser feliz si ni siquiera puedes moverte? – El pequeño colibrí hablaba de su experiencia. No podía concebir un vida sin movimiento -.

Mi pequeño amiguito. Mi felicidad no se basa en el movimiento, ni en la belleza, ni en cualquier otro argumento. Me viene desde dentro. De poder gozar cada instante. De admirar todo lo que me rodea. De recibir visitas inesperadas, como la tuya por ejemplo. Compartir esta conversación y así conocerte. En dejarme acariciar por el viento y por el astro rey. Poder reír a carcajadas, con las cosquillas que sin querer, las hormigas me hacen al trepar por mi verde tallo. Me alegro y callo cuando la lluvia se hace presente, me besa suavemente limpiándome así por dentro. Te repito no existe lógica o argumento que expliquen mi felicidad. 

mmmmmm, te entiendo – murmuró el colibrí – 

Así como tú. Seguro que eres feliz yendo de allá para acá. Batiendo tus alas sin cesar. Con tu pico alargado te puedes alimentar del dulce y exquisito manjar que llevan las flores dentro. No te importa si eres hermoso (pues lo eres, de eso no hay que dudar) sino poder libre ser, moverte sin desfallecer y adornar así la natura, sin ni siquiera proponértelo.

Cuánta razón en tus palabras, Rosa querida….

Así pasaron las horas, uno al lado del otro. Quién iba a imaginar, que dos especies tan distintas se podían enriquecer. El punto fundamental de todo no fue el ambicionado tener o aparentar,  sino lo rico y singular del SER.

2 comentarios sobre “La rosa y el colibrí

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