El perdón

Todos en algún momento de nuestra vida hemos ofendido a los demás. Los hemos herido y hecho mal. Nadie está exento de ello. A nosotros también nos han hecho daño. Dependiendo de quién sea la persona nos afecta en mayor o menor grado. El perdón es el acto de disolver el odio, el rencor, el sentimiento negativo que tenemos dentro hacia otra persona. En este caso el que más se beneficia del perdón no es el perdonado, sino quién perdona.

El perdón es la clave para dejar atrás situaciones, sentimientos del pasado que se reflejan en el presente y nos pueden hacer sufrir o condicionar. El odio es un verdadero veneno que corroe por dentro. 

Perdonar no significa olvidar o restablecer la relación que se tenía antes con la persona que nos ha ofendido. En ocasiones la persona que nos ha ofendido puede haber ya fallecido, pero sigue ejerciendo un dominio sobre nosotros a través de los sentimientos negativos que nos suscita el recordarlo o recordar lo que nos hizo. La ofensa o el mal que se nos ha infligido crea una conexión con la persona que nos ofendió. He ahí el principal remedio de parte del perdón, que logra romper esa conexión. Guardar rencor, culpabilizar, aferrarse y detenerse demasiado en las heridas, socava nuestra felicidad y tiene un efecto considerable en nuestro bienestar físico, psicológico y relacional. Los estudios han demostrado que el perdón es una forma más efectiva de responder, reduciendo el estrés y fomentando la felicidad. Sin embargo, cómo reaccionemos ante esas heridas depende de nosotros. Perdonar es una elección y un proceso. Es abrir una herida para limpiarla por dentro, es la única forma de que sane de veras, si no la infección siempre estará debajo de la herida, de la cicatriz y puede llegar a causar “cangrena. Es normal que al limpiar una herida nos cause daño, pero tenemos la certeza de que si está limpia va sanar. La cicatriz permanecerá. Las cicatrices nos recuerdan dónde estuvimos, lo que vivimos, lo que fuimos capaces de superar y, lo más importante, es que aún estamos vivimos y tenemos la capacidad de sanar.

¿Cómo hacer para perdonar?

En primer lugar hay que reconocer que se nos ha hecho mal. Por muy doloroso que sea, es necesario trasladarnos al momento en el cual se nos hizo daño. Esto mejor hacerlo con la ayuda de un profesional que nos pueda sustentar (psicologo, pedagogo, psicopedagogo, cousellor). En muchas ocasiones se desarrolla un sentimiento de culpa. La persona se siente culpable porque piensa pudo haber provocado la situación. Un sentimiento del cual hay que desprenderse. No podíamos haber hecho nada, sobre todo porque quizás éramos solo niños en el momento de la violencia o de la ofensa. 

No fue nada fácil para mí recordar los momentos en que mi madre fue violenta conmigo. Una violencia física y verbal. Recordarlo me produjo mucho dolor y recuerdo que cuando lo hice no paraba de llorar. Desde mi más tierna infancia viví episodios violentos. Hacia ella tuve temor antes que respeto. No recuerdo una caricia, un beso, una expresión de afecto hacia mi persona. Esto produjo rechazo y el estar siempre a la defensiva hacia su persona. Sufrí mucho a su lado. Ella padecía ataques de pánico, cambio de humor, temores varios. Consecuencia de ello fue que me encerré en mí mismo. Desarrollé un complejo de inferioridad. Me sentí culpable de lo que le sucedía a mi madre ya que todo comenzó cuando nací. Inseguridad. Cuando tenía que enfrentar algún reto me sentía incapaz y me entraba mucho temor. Pensaba que no iba a lograr lo que quería. Me di cuenta que este sentimiento estaba influyendo en forma negativa en mi vida. Que tenía que perdonarla, pero sobre todo me impulsó el pensar que el mayor beneficiario de ello era yo mismo, no ella. Quería ser libre y por ello tenía que enfrentar esta situación y sobre todo perdonar.

En segundo lugar entender el proceder del otro que nos ha hecho mal. Esto no quiere decir justificar. Nos hizo daño y eso no se puede reparar en este momento. Cuando una persona está enferma no es libre de sus acciones. La misma enfermedad lo controla y le impulsa ha hacer daño. Quiero insistir que no es justificar, es tratar de salir de nosotros mismos, de nuestra situación y ver las causas que han impulsado al otro a actuar de la forma que lo hizo.

En el caso de mi madre, ella sufrió de depresión endógena y bipolaridad. Esta misma enfermedad la impulsaba a ser violenta hacia las personas que estaban cerca, en modo particular yo. Mi padre trabajaba y yo me encargaba siempre de estar pendiente de ella, de atenderla. Entender esto me liberó de muchos sentimientos negativos. Sobre todo del sentimiento de culpa. No era yo el culpable de lo que le pasaba a ella. No era libre de actuar. Me hizo mucho daño, pero en el fondo no era culpable de ello. No la justifico, el mal está hecho. No puedo regresar al pasado y cambiar las cosas, pero si puedo trabajar mi presente para que no comprometa mi futuro. Eso sí que lo puedo hacer, está en mis manos. 

El perdón es todo un proceso, largo y en ocasiones muy doloroso. Es un proceso y es una decisión personal. Yo decido perdonar o no. Siempre teniendo en cuenta que el mayor beneficiario del perdón seré yo. 

Tenía como meta el perdonar, pero sabía que tenía que tener paciencia. Era la meta y todos los días sabía y quería alcanzarlo. Tenía momentos de silencio y comenzaba a repetir mentalmente: “Te perdono madre, te perdono”. El tiempo fue pasando hasta alcanzar esa meta trazada. 

Uno de los muros que hay que derribar es el que yo llamo “pensamiento negativo”. Decir: “no lo voy a perdonar”, “imposible perdonarlo por lo que hizo”, “jamás lo perdonaré”, “no me pidan que lo perdone, porque no lo haré” Si se logra derribar esta barrera, al menos permitirnos la duda, el pensar que es posible, ya es un paso. Por ello repito una y más veces, sobre todo a las personas que acompaño, que no es algo que tienes que hacerlo ahora o en una semana. No hay un tiempo estipulado para perdonar. Cada uno es un misterio y tiene su proceso. Por ello hay que darle espacio a la persona. 

¿Es posible perdonar? Sí, lo es. Hablo desde mi experiencia. Cuando logré hacerlo me sentí liberado de un peso enorme. Sobre todo me sentí libre. Pude abrazar y besar a mi madre el tiempo que le restó de vida. Murió hace dos años, se había recuperado de la depresión pero tuvo una recaída a sus 92 años. No se volvió a recuperar. Entró en un túnel del cual no salió. No se volvió a levantar de la cama, cuando lo hacía era por la insistencia de mis hermanos o mi padre. Murió una mañana de agosto, al lado de mi padre. Me refirieron que murió serena, con una sonrisa en sus labios. La muerte puso fin a su sufrimiento. 

4 comentarios sobre “El perdón

  1. Me gusta lo que has publicado y en esencia sería maravilloso poderlo hacer. Pero perdón implica vencer dolor, decepción, rabia, Frustacion… Y ser muy generoso/a y no todo el mundo lo es.
    Por otra parte dependiendo del agravio se podrá perdonar o no. No todo puede ni debe ser perdonado.
    Sería fácil decir lo puedo perdonar todo. Llegado el momento sabré si puedo perdonar o no, y aunque así se haga ¿perdonar sin olvidar vale de algo?. Con frecuencia he escuchado “perdono pero no olvido”,¿vale de algo entonces?.
    Mi querido Omar, como ves me encantan tus escritos porque obligan a pensar, y yo como mosca cojonera me encanta debatir. No me lo tomes en cuenta. Sé que tu escrito lleva la verdad.
    Un besiño y siempre mi respeto y admiracion😘🌹🌹.

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    1. Mi Ana del alma.
      Comparto tu comentario.
      Yo quiero insistir en la necesidad de ver el perdón desde la perspectiva de quien ha sido ofendido. Que es necesario purificar los sentimientos negativos que nos produce recordar el mal que se nos ha hecho. Por ello insisto que el perdón beneficia a quien perdona en primera persona. En ocasiones esos sentimientos negativos no nos dejan ser libres y vivir en libertad, nos condicionan el presente y el futuro y ahí está el problema. Es cuestión de dejar esos sentimientos de lado. En eso insisto en lo del perdón. No eres una mosca cojonera, me encanta mucho que podamos debatir. Otro tema que trataremos cuando nos veamos en persona.
      Te mando un fuerte, fuerte abrazo, todo mi cariño y admiración.

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