Una estrella llamada Lina (cuento)

Extendió su mano y tomó una estrella.
Admiró su titilar y la belleza de la misma.
Se preguntó si tenía luz propia o solo era un reflejo.
Acercósela al oído y pudo escuchar una canción. 
En ese momento descubrió que las estrellas no solo brillan, sino también cantan. Tienen una voz sutil que pocos logran escuchar.

¿Cómo te llamas?– le preguntó –

Me llamo Lina– le respondió con un hilo de voz –

¿Lina? que hermoso nombre. ¿Tiene algún significado particular?

Significa: “frágil”

Interesante. Es la impresión que das. Que eres muy frágil.

Mas no te equivoques. Puedo ser diminuta, con una voz imperceptible, pero tengo una misión particular que me hace fuerte.

¿Cuál es esa misión? si puedo saber.

Guiar a los caminantes en el desierto. Siempre marco el norte. Al verme ellos se puede ubicar y así no perderse. El desierto es un lugar hermoso, pero muy, muy peligroso. Quien no se orienta encontrará fácil la muerte.

Muy interesante Lina. Dime otra cosa y perdona mi curiosidad, ¿no te aburres ahí en el cielo todo el tiempo?

Qué va– respondió Lina con una sonrisa –Nosotras no nos aburrimos nunca. En las noches, podemos conversar entre nosotras. Lo que más nos gusta es escuchar a la luna. Ella tiene mucha experiencia y nos cuenta historias muy interesantes. Nos habla de extraños y mágicos mundos que ella toca con su luz plata. De los amantes que siempre se comunican con ella. De las poetisas, poetas y escritores que se inspiran con solo mirarla. Lo qué más nos gusta es cuando nos habla de su eterno amor.

¿Su eterno amor? ¿La luna tiene un amor?

Pues claro niña. Ella tiene un amor. Es el sol. Muchos piensan que es un amor imposible, o que nunca se ven o aman y es falso. Ese amor profundo que se tienen, perdura en el tiempo. Un amor que ella lo refleja en cada una de sus fases. Sin el sol moriría de tristeza. Como consecuencia moriríamos todas nosotras y también el mundo entero.

Ahora, si no te importa, devuélveme a mi sitio. No quisiera que algún caminante se pierda y muera por mi culpa. Por no haber cumplido mi misión.

Claro, claro, disculpa. Te devuelvo a tu sitio. Extendió de nuevo su mano y la dejó en su lugar.

Muchas gracias– dijo Lina – Cuando desees puedes volver. Me gusta hablar contigo. Eres de las pocas que puedes escuchar mi voz. Será un placer dialogar y compartir. 
Todas las noches, antes de irse a dormir, sube a lo más alto del monte Mun y conversa con Lina. Con ella aprende tantas cosas interesantes. Es capaz de escuchar las otras estrellas del horizonte y participar de sus diálogos. No hace mucho Lina le presentó a la luna. Quedó fascinada de su hermosura, de su luz, de su voz. La admira sobre todo cuanto está en plenilunio, como en esta noche hermosa. Sal al jardín, al campo. Haz silencio y podrás escuchar el diálogo de las estrellas entre ellas y con la hermosa luna llena. 

2 comentarios sobre “Una estrella llamada Lina (cuento)

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