La motivación

Muchos se ha escrito acerca de este tema. Quiero enfocarlo desde mi experiencia concreta. 

Comencemos con el concepto mismo de “motivación”: es la fuerza interior que nos impulsa a alcanzar metas en la vida. Es el motor que dirige y mantiene una conducta concreta, con el fin de alcanzar objetivos trazados. Los objetivos o metas deben ser reales, claros y accesibles. Mirando hacia el futuro. Para ello es importante que el individuo se conozca, es decir, saber cuales son sus debilidades, sus necesidades, sus deseos, lo que es mejor para él.

Pongo un ejemplo concreto basado en mi experiencia. Tengo problemas para mantener mi peso. Tiendo a engordar. Llegó un momento en mi vida que llegué a pesar 125 kilos, mi altura es 1,73 cm. Estaba en evidente sobrepeso. Me dejé arrastras por la pulsión y no hacía ningún tipo de ejercicio ni dieta alguna. Tenía claro que esta situación no me estaba trayendo ningún tipo de beneficio, sobre todo para mi salud, pero no tomaba una decisión concreta. Es decir, no tenía una motivación para perder de peso, aunque si (repito de nuevo) estaba consciente de que esta situación no me iba a traer nada bueno. Comencé a preocuparme cuando me cansaba solo al subir pocas escaleras, me sentía mareado y comenzaban a hincharse mis pies. Tenía la presión arterial alta. Fui al médico de cabecera y me mandó a hacerme unos análisis de laboratorio, una hematología completa. Los resultados me preocuparon. El colesterol bastante alto, los triglicéridos y la glicemia al límite de lo normal. Lo primero que me recomendó la doctora fue hacer una dieta y bajar unos cuantos kilos. Me dijo que si lo lograba, todo lo demás se iba a normalizar. Tenía en aquel entonces 50 años. En plena mitad de la vida. 

Salí de la consulta y me fui a casa. Ese día medité mucho, pensé y reflexioné. 

Lo primero que me pregunté era si quería seguir en esta situación. Dos eran las opciones: tomarme la vida en serio o seguir como estaba y esperar cualquier resultado negativo, tipo un infarto, un ictus, diabetes u otras enfermedades ocasionadas por la obesidad. Quise ser realista al máximo conmigo mismo. Había realizado un cambio existencial en mi vida ¿Quería arriesgarlo todo por no controlar mis impulsos? Mi cuerpo estaba al límite y me estaba dando una oportunidad. Todo estaba en mis manos. Tenía que tomar una decisión concreta: vivir o morir, así de claro. 

Analicé mis límites, sabía que solo no lo podría lograr, tenía que buscar ayuda, ponerme en las manos de un nutricionista, de un profesional serio que me diera una mano. Estaba seguro que solo no lo podría lograr. La pregunta fundamental en aquel entonces fue: Omar ¿Quieres o no quieres bajar de peso? Hago énfasis en el “quieres”. Hay una gran diferencia entre el “querer” y el “deber”. Para mí el “querer” tiene una fuerza más grande, parte de mi voluntad. El “deber” lo percibo más como una obligación y sabemos que las cosas obligadas difícilmente tienen buen fin, sobre todo en los adultos. Por ello siempre trato de sustituir en mi lenguaje coloquial el “debo” por el “quiero”, parece una cosa simple o absurda, mas no lo es. Invito a hacerlo y podrán notar la gran diferencia. 

Después de un serio discernimiento, tomé la decisión: “quiero vivir”, quiero sentirme bien, quiero estar sano. Quiero aprovechar esta oportunidad que me está dando la vida misma. Al otro día fui a la farmacia que esta cerca de casa y me puse en manos de una nutricionista, Isabel (Isa) una persona fantástica y profesional. Me ayudó a trazarme una meta, un objetivo concreto: bajar de peso con una forma de comer sana y haciendo ejercicio diario. No nos preocupamos del tiempo que emplearíamos en lograr el objetivo, comenzaríamos a caminar y en el camino se irían viendo los resultados. 

Un objetivo general: perder peso, con dos objetivos secundarios: comida sana y ejercicios. Mi motivación se fundó sobre todo en el futuro: sentirme bien y estar sano. Los dos objetivos secundarios se irían logrando paso a paso, pero con firmeza. Tenía en la semana un día libre, es decir, podía comer lo que me apeteciera. Respecto al ejercicio comencé a hacerlo en forma progresiva. Hacerlo todos los días. Comencé con tan solo 15 minutos que iban en forma progresiva al pasar las semanas. Luché contra una de mis tentaciones que era el alcanzar objetivos rápidos en poco tiempo y sin esfuerzo alguno. El esfuerzo y el sacrifico refuerzan la motivación y la fuerza de voluntad. Sobre todo teniendo en cuenta el futuro, el bienestar que se va a alcanzar si cumplo diversas metas. Nadie me está obligando ni mucho menos empujando u obligando. Al principio iba todas las semanas con Isa y comencé a ver los resultados. Por cada consulta pagaba 7 euros (importante para mi economía) Me iba variando la dieta, la cual no era costosa para nada, me lo podía permitir. Después los encuentros se fueron haciendo cada dos semanas.

Subirme en la balanza y ver como iba perdiendo peso y masa grasa, me daba mucha alegría y hacía que se mantuviera la motivación. Otra cosa que me daba alegría era ver que podía ponerme ropa que había dejado de ponerme por el sobrepeso, además de sentirme más ágil y por supuesto, con una autoestima más alta.

La motivación es dinámica, es decir está en continuo movimiento, como el individuo mismo. Es decir, hay días en que me sentía más motivado y otros no. Cosa normal y natural. En los momentos que no tenía ganas de salir con la bicicleta o saltarme la dieta, entraba la fuerza de voluntad, que es la habilitad de resistir a las tentaciones. De nuevo teniendo como base el bienestar que ya estaba sintiendo y el que iba a sentir en el futuro. Un ejercicio que me ayudó fue, en el momento de tener la tentación decir: “voy a aguantar 10 minutos antes de caer”, en mi caso me ayudó mucho ya que en ese plazo desaparecía el impulso. Era como un obligar a la mente a no ceder. 

Hasta el momento he perdido 38 kilos, ahora tengo 87 y la meta sería llegar a los 85  kilos. En mi caso, mi peso ideal ya que soy de contextura fuerte. 

Mantengo un ritmo de ejercicios y como sano. He ganado en salud. Me repetí los análisis de laboratorio y todos los niveles están en su justo nivel, al igual que la presión arterial. 

Conociéndome sé que tengo esa tendencia a engordar. Que si no mantengo un ritmo de vida saludable, con ejercicios, puedo regresar al sobrepeso. Es mi realidad y la reconozco. Económicamente no me puedo permitir ir a un gimnasio, pero puedo asegurar que si hacemos ejercicios por nuestra cuenta: bicicleta, caminar, trotar, podemos lograr perder peso. Quiero huir sobre todo a la tentación del sedentarismo, que a mi edad es uno de mis mayores enemigos. Repito una y otra vez a mí mismo y a todos, que es posible, si tenemos una motivación.

Isa me recomienda que si me invitan a una fiesta, o a comer fuera, o a alguna celebración, que actuara con naturalidad. Si comía algo fuera de la dieta que no pasaba nada, que podía recuperar, pero que no me sintiera un “bicho raro” o me reprimiera. Si podía elegir en un restaurante, que eligiera lo que entrara en la dieta que estábamos siguiendo. La norma fundamental era no excederme y si por cualquier cosa lo hacía, que podía recuperar. Sin obsesiones y con naturalidad.

¿Cómo se puede aumentar la motivación?

1.- Desarrollar un buen plan de acción. Es decir dividir la meta final en pequeñas submetas. En pequeños logros o hitos y celebrarlos. Mi objetivo final era perder peso, las submetas: comer sano y ejercicio físico. Mientras iba perdiendo peso me sentía mejor conmigo mismo y lo celebraba dentro de mis posibilidades, vistiéndome mejor, disfrutando de mi autoestima, contemplando la naturaleza mientras caminaba o iba la playa.

2. Guardar la energía física y psíquica, sobre todo emplearla en conseguir la meta trazada. No perder el tiempo en quejarme o poner mi atención en todo lo prohibido, es decir lo que no puedo comer o hacer.

3. No perder de vista el objetivo. Tener la certeza de que es posible lograrlo y lo estoy logrando. Paso a paso.

4. Rodearte de personas positivas. Esto es muy importante. Esas personas que te motivan solamente con su presencia. Las personas tóxicas o negativas, no ayudan para nada, en todos los sentidos. Aquí tengo que agradecer en forma especial a la persona que amo, que siempre me ha apoyado. Que ha sido un gran estímulo para mí. No sería justo si no lo reconociera en este momento. Comer sano nos ha beneficiado a los dos. 

5. Fíjate en la parte que has conseguido. En lo que has logrado hasta el momento. Mírate al espejo y ve los resultados, sobre todo en lo que has ganado en salud.

6. Disfruta del camino. No todo es sacrificio, el bienestar siempre es más grande. Cuando no quiera continuar, detente, respira, has un esfuerzo y sigue adelante. Todos nos podemos cansar alguna vez. Perder una batalla, no significa perder la guerra.

Concluyo que es posible lograr las metas que nos trazamos en la vida. Lo puedes lograr, créeme. Con una motivación adecuada y sustituyendo ese “debo” por “quiero”. Reconocer que necesitamos ayuda no es nada malo, todo lo contrario, es ser realistas. Mientras más contentos estemos con nosotros mismos, lo reflejaremos en nuestro entorno. No olvides tres cosas importantes: 

1. Duerme bien. Descansa lo necesario. Quien no duerme o descansa lo necesario, se estresa y pude llegar a caer en la depresión. 

2. Medita. Al menos 10 minutos diarios. Se ha comprobado que meditar aumenta la materia gris y baja el estrés. Sobre todo nos ayuda a entrar en contacto con nosotros mismos, escucharnos, saber cuales son nuestros deseos y necesidades, para poder así seguir siendo la mejor versión de nosotros mismos.

3. Ejercicio, lectura, escuchar música, caminar. Relajarte. No entres en el bucle del desenfreno. Trabaja para vivir, no vivas para trabajar.

4. Aquí estoy a tu disposición, incondicional para cualquier ayuda que te pueda brindar.

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