No puedo

Si tuviéramos conciencia de lo destructiva que puede ser la palabra “no puedo”, no la repetiríamos tan seguido en nuestra vida y buscaríamos anularla antes de que nos anule. Es capaz de destruir cualquier motivación o fuerza de voluntad. Sumerge al individuo en una negatividad tal que se olvida de sus capacidades, de sus logros, de las metas que ha alcanzado.

Si el individuo tiende a no ser positivo, a ser pesimista por los motivos que sean, esta palabra refuerza ese sentimiento, creando una gran impotencia.

Lo peor es que en muchas ocasiones ni siquiera se intenta hacerlo. El “no puedo” aparece en forma automática, inconsciente, sobre todo en acciones que es la primera vez que realizamos.

Tiene sus raíces en los miedos, vergüenzas, hacer el ridículo, el que te puedan juzgar o tachar de “fracasado”. Dependemos mucho de lo que puedan decir los demás, actitud que quizás nos la hayan inculcado desde pequeños, en casa, nuestros padres, con toda la buena voluntad (no soy yo quien para juzgar).

Si analizáramos un poco nuestra historia, podemos darnos cuenta de una serie de palabras y creencias que hemos aprendido, que no nos ayudan a desarrollarnos como personas en plenitud. Reforzado prejuicios, preconceptos, discriminaciones.

“No puedo” tiene una carga negativa tal, que puede ser la puerta hacia una depresión, por la carga negativa que comporta. 

No es nada fácil cambiar un patrón de conducta, sobre todo cuando ya hay una costumbre arraigada, pero es posible y necesario para que se produzca un cambio positivo en el individuo. El primer paso es reconocer y en segundo lugar sustituir. Reconocer el poder negativo de tal palabra, que la utilizamos y sustituirla por otra, en este caso “lo voy a intentar”. 

Te propongo un ejercicio. Ten a mano un cuaderno y un lápiz. Busca un lugar tranquilo, siéntate cómodamente, respira profundo y trae a tu mente la palabra “no puedo” y repítela en más una ocasión. A continuación enumera los sentimientos que produce en ti esta palabra. Después has lo mismo con la palabra “lo voy a intentar”. Compara las dos listas. Te puedo asegurar que te sorprenderás de esos resultados, sobre todo la gran diferencia entre las dos palabras junto con los sentimientos que experimentarás. 

Es un primer paso, para comenzar un camino de cambio. ¡Cuán importantes son las palabras! Sobre todo aquellas internas, que nos repetimos día a día. 

“Lo voy a intentar” da positividad y posibilidad. No es una negatividad al primer instante. Creo que todos en la vida tenemos derecho a intentar realizar las cosas. Nos sorprenderíamos de todo lo que lograríamos. Despertaríamos posibilidades internas que ni siquiera nos imaginábamos tener. 

Cuando acompaño a alguien en su crecimiento personal, comienzo  trabajando con las palabras internas, esas pequeñas vocecitas que llevamos dentro y que nos acompañan a diario. Mi experiencia me dice que si no logro hacer que la persona cambie, el “no puedo”, por “lo voy a intentar”, difícilmente se puede trabajar en un cambio existencial. En lenguaje metafórico, es como cortarte las alas antes de intentar volar.

¡No puedo! — le dijo el discípulo al maestro —

¿Lo has intentado al menos? — le preguntó —

¡No, pero sé que no puedo! 

¿Cómo puedes saber que “no puedes” cuando ni siquiera lo has intentado?

El discípulo se quedó unos minutos en silencio. El maestro se le acercó. Puso una mano en su hombro y le dijo: 

— ¡Inténtalo! Date esa oportunidad. Después veremos. No pasa nada si no puedes de verdad, pero no te cortes las alas antes de que aparezcan. Yo estaré aquí, confía. Solo hazlo, repite dentro de tí: “lo voy a intentar”.

El discípulo salió al escenario,  cerró los ojos y comenzó a cantar. Su voz fue tan dulce y armónica que a todos enamoró. Jamás se había escuchado una voz como la suya. Al terminar se caía el escenario de los aplausos. 

Se entrecruzaron las miradas entre discípulo y maestro. Una amplia sonrisa iluminó el rostro de ambos. El discípulo había vencido y comprendió en ese instante, el poder de las palabras. 

7 comentarios sobre “No puedo

  1. es una buena idea mentalizar y racionalizar los miedos, de esta manera tomando el control sobre ellos. y luego solo experimentar viendo cómo pocoa poco se van dejando en nosotros un buen espacio libre y un gran recurso de motivación. Un abrazo desde LIma 🙂

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