Un grano de arena (reflexión)

Despacio llegó a la cima, se sentó en una piedra y contempló el horizonte.

El sol había llegado a su ápice, no se veía ni una nube en torno, un cielo limpio y celeste. La brisa suave se hacía presente jugando con su ropaje.

Desde esa altura podía divisar todo el paisaje, un variopinto de verdes se extendía, el río descendía sin prisas, el lago oscuro al pié de la montaña de frente, pequeños caminos que se perdían en la foresta.

Su gran esfuerzo había valido la pena, tuvo más de una vez la tentación de abandonar la subida, pero resistió. Menos mal que lo hizo.

Se sintió solo, pero una soledad agradable. Esa que proporciona un encuentro personal, una introspección, una reflexión profunda. Tenía tiempo que no lo hacía y la verdad, le hacía falta.

Llegaron a su memoria tantos recuerdos. Momentos vividos, buenos y no tan buenos. La nostalgia se anidó en su corazón y él, no se opuso a su presencia.

Escuchaba el ulular del viento colándose entre las ramas cercanas, el canto de los pájaros salvajes, el zumbido de las abejas en su incansable labor.

Aquí estoy — se dijo — solo. En la cima de esta montaña, que bien podría significar mi vida. Rodeado de mis recuerdos, de mis fantasmas del pasado, de experiencias vividas. Lejos de la patria que me vio nacer, lejos de mi familia, de mis amigos de antaño. 

— mueve la cabeza y ríe — ¿Quién lo diría? Aquel tímido adolescente, que se encerraba en su mundo, que se avergonzaba de todo, aquí está. Media vida ha pasado ya por estas manos. Manos que han acariciado, amado, trabajado duro, defendido, acompañado, sostenido. — las mira y con gesto espontáneo las besa —. 

Suspira y contempla el horizonte. Bebe un sorbo de agua y sonríe.

El rostro de tantas personas que ha conocido pasan por su memoria. Vivos y difuntos, por estos último eleva una plegaria: … Dales señor el descanso eterno y brille para ellos tu luz perpetua… Por los vivos otra oración: Bendícelos y protégelos padre donde quiere se encuentren. Que sean fuertes en los momentos difíciles, generosos cuando sea necesario, felices en todo lo que emprendan. 

Recuerda aquella vez que temblando de emoción, abordó aquel avión que lo traería a Europa, hace ya 25 años. Aquel hecho cambió su vida para siempre. Una nueva lengua, una nueva cultura, enfrentarlo todo solo y salir vencedor en sus propósitos. Le ayudó su carácter férreo, su tenacidad. Mejor no recordar las tantas lágrimas derramadas, las dificultades, las pruebas.

Satisfecho de todo lo vivido. Se siente un peregrino, un caminante que ha dejado de lado tantas piedras pesadas que hacían su paso lento o dificultoso: prejuicios, temores, creencias, traumas, rencores… ¡Cuánta libertad siente ahora! 

Aún hay camino por recorrer, cosas que descubrir, experiencias que vivir, tanto que dar, recibir, expresar y, sobre todo escribir. 

Se queda en silencio profundo admirado su entorno. Se siente un insignificante grano de arena en la playa inmensa del universo. Una pequeña letra perdida en el extenso texto de la existencia.

Se prepara para pasar la noche, el astro rey comienza su declino. Las estrellas al horizonte comienzan a asomar, tímidas, temerosas. Se extiende y comienza a contarlas, un viejo juego de su infancia. Pronto descienden las tinieblas, un pequeño fuego lo acompaña, la luna se hace presente. Con su frágil luz plata acaricia todo lo que toca a su paso. Un hermoso espectáculo que solo hay que admirar. Tiene la impresión de que si extiende su índice podrá tocarla. ¿Qué textura tendrá la luna? ¿Qué temperatura abrigará en su interior? Plena, orgullosa, preciosa en su totalidad. Mientras la observa, un leve temor roza su corazón y se sobresalta. Los recuerdos de su infancia. Una férrea y disciplinada educación forjaron su voluntad, dejando como consecuencia una capacidad de soportar el sufrimiento, el mismo dolor. Solucionar sus problemas sin recurrir a ayuda alguna. Mostrar poco sus sentimientos y encerrarse en su pequeño mundo, ese que había creado para sobrevivir a su entorno. Recuerda aquella soledad que vivió, aquellos temores que nunca compartió, las tantas lágrimas que derramó… No fue fácil librarse de sentimientos de culpa, de temores, de prejuicios, pero lo logró. No sin esfuerzo y dedicación. — sonríe—

En ese instante una estrella fugaz surca el cielo delante de él. Mira, cierra sus ojos y pide un deseo. 

Todo es quietud a su alrededor, los sonidos nocturnos se escuchan a lo lejos, no siente temor. Pasa la noche en vela, solo contemplando aquella noche particular de su vida. 

A lo lejos se anuncia el nuevo día. No pierde detalle. Los primeros rayos de sol se hacen presente. La lucha entre las tinieblas y la luz. La última palabra jamás la tendrá la muerte, las tinieblas, sino la luz. Ese nuevo amanecer habla de esperanza, de oportunidades. Aspira profundo. Quiere atrapar todo el oxigeno posible en sus pulmones. Al expirarlo siente una paz profunda. Es hora de regresar. Hora de volver al día a día, al tram tram del existir. El descenso se hace corto. Se vuelve de repente y otea de nuevo la cima — sonríe de nuevo — Con una mano en su pecho repite una y otra vez: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

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