La bondad

Quiero seguir pensando y llámenme “pobre iluso” que la esencia del ser humano es la bondad. 

Conozco personas que son buenas por naturaleza, que son generosas, capaces de dar de lo poco que tienen. Saben sonreír aunque si por dentro estén destrozadas y solo quieran llorar. Que están dispuestas a dar una mano a quien la necesite, conociéndolas o no. Que no buscan la fama por su caridad o generosidad, seres silenciosos que hacen el bien. 

Siempre me llamó la atención el pasaje del evangelio que hace referencia al juicio final (Mt. 31-46) Menciona hechos concretos sea para la salvación o la condena, no hace referencia a creencias particulares. Es decir no importa si eres judío, católico, musulmán, evangélico, creyente o no. El hecho que llega a salvar a una persona son gestos concretos que ha realizado hacia su prójimo (próximo). “Vengan benditos de mi padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me recibieron; estaba desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme. Entonces los justos le responderán: Señor ¿Cuándo te vimos y de dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te recibimos o desnudo y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel y vinimos a ti? Le responderá “en verdad les digo que cuando lo hicieron a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicieron. A los otros referirá: apártense de mí malditos, porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, fui forastero y no me recibieron; estaba desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron. Ellos también le preguntarán: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento o como forastero o desnudo, o enfermo, o en la cárcel y no te servimos? Él responderá: En verdad les digo que cuando no lo hicieron al otro, tampoco a mí lo hicieron.

Un gesto que se ha realizado en forma espontánea. Ellos mismo preguntan: ¿Cuándo Señor te vimos…? No están ahí con la libreta anotando las veces que fueron generosos o verdaderamente humanos. 

Vivimos en una sociedad donde priva el egoísmo, donde cada uno tiene que arreglárselas por su cuenta, que cuando caes en desgracia, sea por la razón que sea, te dan la espalda. Una gran verdad aquel dicho popular que dice: En la muerte, en la cárcel o la enfermedad es cuando se conocen lo verdaderos amigos. 

Para mí la salvación es universal y no depende de creencias particulares, sino de actos concretos. Actos concretos de amor. Puedo estar todo el día en la Iglesia dándome golpes de pecho, confesándome, participando a la eucaristía, llenándome la boca con padrenuestros y avemarías pero soy el primero que crea división en mi condominio, trato mal a mis trabajadores explotándolos, siendo avaro y egoísta. Violento física y psicológicamente con los otros…

Otro ejemplo claro de lo que acabo de decir es la “Parábola del buen Samaritano” (Lc. 10, 25-37). 

En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta:

—Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

Jesús replicó:

—¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?

Como respuesta el hombre citó:

—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

—Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás.

Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús:

—¿Y quién es mi prójimo?

Jesús respondió:

—Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. Así también llegó a aquel lugar un levita y, al verlo, se desvió y siguió de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva”. ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

—El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley.

—Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús.

El experto de la ley quiere poner a prueba a Jesús, justificarse. A la primera pregunta solo contesta con leyes, aprendidas de memoria desde pequeño. Jesús lo lleva a su terreno, es decir, “el amor a Dios se manifiesta en los gestos y actos concretos”

Interesante analizar los personajes que aparecen:

  1. Un sacerdote: Experto en el culto, consagrado al servicio de Dios. Al ver al hombre mal herido, se desvía y sigue de largo. Quizás tenía que ir al culto y no podía llegar tarde. Tuvo temor y siguió. No le importó la condición de aquel pobre desgraciado. Ruptura entre creencia y vida. Si la creencia en Dios es auténtica se refleja en la vida misma. Si no es pura hipocresía.
  2. Levita: Siervo de Dios por excelencia. Ayudantes de los sacerdotes y conocedores de la ley y los profetas. En la época de Jesús muy considerados y respetados en el templo. Hizo el mismo gesto del sacerdote. Siguió de largo y no le importó el sufrimiento de aquel pobre hombre, apaleado y maltrecho al borde del camino.
  3. Samaritano: En la época de Jesús no tenían buena fama. Considerados ladrones, embaucadores, mentirosos. Eran los despreciados de la época. Pues esa “escoria” de la sociedad, fue el único que tuvo un gesto de humanidad para con este hombre tirado a la vera del camino. Gestos concretos, sin muchas palabras. Lo primero que resalta es el sentimiento que tiene “se compadeció” de él. Se identificó con su dolor, su sufrimiento. Se acerca, los demás se había alejado. Le cura las heridas con vino y aceite. Dos bienes preciados, lo mejor que tenía en ese momento. Al curarlo lo “toca” es decir, no le da asco limpiarlo, sanarlo. (Gestos concretos). Lo monta sobre su propia cabalgadura. A un extraño, a un desconocido. Cuando se hace un gesto de caridad no se pregunta quién es, se socorre y ya. Lo lleva a un alojamiento y lo cuida. No contento con ello, al otro día “saca dos morenas de plata”, se las da al hostelero y le recomienda: “cuídamelo y lo que gaste ustedes de más se lo pagaré cuando vuelva”. Ese “cuídemelo” llega profundo a quien lee. Es decir lo siente como suyo. Tuvo un gesto concreto de acercamiento, de socorro sin importarle quién era.  Le conmovió la situación del otro e hizo lo que podía. En total anonimato. 

Anda entonces y haz tú lo mismo, concluye Jesús.  

Una joya concreta de humanidad. Una denuncia contra aquellos que se creen justos, buenos, amantes de Dios, pero que la hora de encontrarse con el dolor, la dificultad del otro, sea quien sea lo que hacen es criticar, condenar, le dan la espalda o siguen otro camino.

Por ello quiero seguir creyendo que la esencia del ser humano es la bondad, y no la maldad. Aunque me encuentre más ejemplos concretos de todo lo contrario. Si en mi pequeño mundo, soy justo, humano, daré testimonio sin pronunciar palabra alguna, de que la bondad es aquello que eleva, que dignifica, que da el justo lugar al hombre en la creación.

2 comentarios sobre “La bondad

  1. La compasión en si misma es un acto d amor y d empatia, ver a los demás como parte d nosotros mismos y q su dolor o sufrimiento sea nuestro dolor y sufrimiento, q su felicidad y alegría sea nuestra felicidad y alegría… Yo también creo en la bondad humana lo q pasa es q nos bombardean con noticias negativas q endurecen los corazones viendo el mal como algo enraizado en el ser humano y el bien como algo d tontos y débiles cuando es todo lo contario… Tus post siempre tan llenos d enseñanzas, Omar.. 🙂 Besos y abrazos d luz 😘❤🌸

    Me gusta

    1. Muchas gracias mi amiga querida. He tenido tantas experiencias negativas que me reafirman que es la bondad la esencia del ser humano. Parecería una paradoja, mas es así. Muy de acuerdo contigo, ya la compasión (padecer con) es un acto de caridad, de identificación con el otro. De nuevo gracias por leerme y dejar tu comentario. Otro fuerte abrazo de mi parte y mis mejores deseos. Omar

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s