La espiritualidad

El hombre es una unidad cuerpo y espíritu. Por muchos años, sobre todo por la influencia del dualismo católico, se consideró el cuerpo como algo negativo y el alma o espíritu, como algo bueno. El mismo Platón refería que el cuerpo era la cárcel del alma. Por tanto había que cultivar el espíritu, luchando con todo aquello que era corporal: sentimientos, pasiones, tendencias, etc. Siguiendo la ley del péndulo, en nuestra sociedad ahora se pone el acento más en lo corporal, en lo material, dejando de lado lo espiritual. Se cultiva el cuerpo con parámetros preciosos, se valora la competencia, el éxito sin importar cómo lograrlo. La palabra clave es equilibrio. Ese equilibrio entre corporal y espiritual que lleva al individuo a su plenitud. 

La palabra espiritualidad deriva del latín spiritus, espíritu, hacer referencia al interior de la persona, a su esencia, a lo más íntimo. Aquello que lo diferencia de otro ser humano. 

Lo corporal nos asemeja, todos los seres vividos tenemos un “soma” es decir, un cuerpo, con características precisas. 

Espiritualidad en su más pura esencia sería “mirar hacia dentro”. Entrar en la esencia de uno mismo, por ello está unida a una vida interior, al conocimiento personal, buscar el verdadero “yo” mirando hacia dentro. Este proceso puede dar mucho temor. Sería un mirarte al espejo realmente como eres. Enfrentarte contigo mismo. El primer paso para sanar heridas y lograr una transformación profunda. Dalai Lama refería: “Si la espiritualidad no produce en usted una transformación, entonces no es espiritualidad”. 

Es importante aclarar que la espiritualidad no va unida a la religiosidad. Religiosidad hace referencia a las creencias transcendentales del individuo. Por muchos años se identificó espiritualidad con religiosidad. A este punto podemos afirmar que un ateo, una persona que se declara “no creyente” puede ser perfectamente un ser espiritual, como también un creyente carecer de espiritualidad. 

Surge una pregunta ¿Cómo puedo enriquecer la espiritualidad? 

Las ocupaciones diarias nos saturan, nos agobian. Entramos en el tram tram de lo cotidiano y no tenemos tiempo de detenernos, hacer un espacio, un tiempo para nosotros mismos. Además lo justificamos: hay que trabajar para vivir, tengo que hacer esto para sostener a mi familia, no puedo perder el tiempo, tengo que, tengo que.. nos convencemos de ello, el problema es que perdemos la paciencia fácilmente, somos menos tolerantes, irritables, impacientes, nerviosos. El cuerpo comienza a resentirse: presión arterial alta, subida o bajada de peso corporal, úlceras, acidez estomacal, psoriasis, asma, etc, etc, pudiendo llegar a poner a riesgo nuestra salud mental y corporal. No hay que esperar a que nos de un infarto, un ictus o cualquier otra enfermedad grave, para comenzar a buscar lo esencial en nuestra existencia.

Lo primero es hacer un espacio para nosotros mismos. Para poder compartir con la familia, con los amigos, con los conocidos. Contemplar en silencio una puesta de sol, un amanecer, una luna llena. Disfrutar de una copa de vino, de una cerveza fría (todo con cordura obviamente), sea en grata compañía o solo. No tener miedo a la soledad. Aprende a estar contigo mismo, no es tan malo como se piensa. 

Reflexionar, meditar, que no consiste en hacer grandes cosas, sino una respiración consciente. Respirar profundamente haciendo silencio. Eso facilita el encuentro con nosotros mismos. Somos seres únicos y extraordinarios con grandes capacidades que ni siquiera nosotros mismos sabemos. Si hay temor al silencio es la fehaciente señal que tememos encontrarnos con nosotros mismos, con nuestro misterio. A muchos les puede facilitar esos momentos de reflexión y meditación, escuchar una música suave, instrumental y dejarse llevar por la misma. 

Disfrutar de caminatas, de algún ejercicio físico que producirá en nosotros endorfinas que son unas sustancias químicas que produce el organismo, estimulan las zonas del cerebro donde se generan las emociones placenteras, por lo que son clave para el bienestar y la felicidad. 

Sé agradecido. Acostumbrarse a dar gracias por las pequeñas cosas de la vida. Esta actitud nos hace ser más conscientes de lo que tenemos y nos predispone a lo que vendrá, las cosas positivas que nos sucederán.

Nada como la compañía de un buen libro. Lee si eres aficionado a la lectura. Si no lo eres, te invito a que lo seas. Comienza poco a poco y crea este hábito en tu vida, créeme que me lo agradecerás. 

Pide ayuda si es necesario. No temas hacerlo. Nadie es autosuficiente y pedir ayuda no es sinónimo de debilidad. Habla de lo que sientes, de tus sueños, proyectos, frustraciones, fracasos con alguien que te pueda comprender. En ocasiones un buen amigo no nos dará soluciones, pero sentirnos escuchados y comprendidos, aceptados, es una fuente enorme de sosiego.

En la medida que avanzamos en la espiritualidad, sentiremos tranquilidad, paz en nuestra vida y podremos afrontar los problemas y dificultades de forma diferente. 

2 comentarios sobre “La espiritualidad

  1. Precisamente ahora estamos en un momento donde es dificil pararse a meditar por la cantidad d información con la q somos bombardeados constantemente… Estoy totalmente d acuerdo contigo, buscarse a uno mismo es entenderse y entender el entorno.. A mi m gusta la soledad, a veces, para pensar y expandir mi conciencia.. La soledad elegida es una buena compañera porque t hace ver lo maravilloso q hay dentro d un@ mism@.. 😉 Besos y abrazos d luz, querido Omar 😘❤🌸🌸🌸

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    1. Mi querida amiga. Así es. Estamos sumergido en un mundo que nos bombardea de emociones, que nos permite pensar y reflexionar. También soy un ser solitario. Amo la soledad y la necesito. Gracias por tu presencia en mis letras. Un abrazo fuerte, fuerte 👍🏽👍🏽👍🏽

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