El águila que se creía pollo de corral (Cuento)

Seguro que ustedes recordaran aquel cuento del aguilucho que fue encontrado por un agricultor. Se lo llevó a su granja y lo depositó dentro del gallinero. Una gallina lo adoptó como suyo y creció en medio de los otros pollos. Escarbaba, anidaba y hasta aprendió a cantar como un gallo. Un día de agosto, mientras escarbaba se le ocurrió mirar al cielo. Le pareció tan hermoso. Le impresionó aquel azul puro, celeste y sintió algo por dentro. Una sensación extraña que nunca había experimentado. Mientras observaba, vio a una hermosa ave cruzar el horizonte. Era majestuosa, con un vuelo elegante. Parecía suspendida en el aire. Sorprendida fue a donde estaba el gallo del corral .

¿Qué es aquel animal tan hermoso? — preguntó —

Es un águila — le contestó —

¿Un águila? wow que hermosa y majestuosa es. Puede volar tan alto

Sí, es hermosa. Dicen que puede volar horas y horas a gran altura. Capaz de mirar a un roedor a muchos kilómetros de distancia. Una gran cazadora. Símbolo de grandeza y libertad. — 

Realmente hermosa. Me gustaría ser como ella

Ja ja ja ja sí, sí, ¿Tú un águila? ¿Propio tú? No me hagas reír. Ni lo sueñes. Eres un pollo como todos los demás y como tal te has de comportar. Deberías preguntar menos y escarbar más. Déjate de esos delirios de grandeza. Tú no te puedes ni alzarte a un palmo en vuelo. Eres un pollo y pollo morirás. Por otra parte, ellos se alimentan de nosotros. Así que ándate con cuidado. Si ves alguno de esos monstruos cerca, avisa. Ten mucho cuidado porque si te coge, te mata con sus garras, te desgarra, te lleva a su nido y te come. Serás el alimento tanto de él como de sus crías —

Se sintió tan humillado que bajó la cabeza y se retiró en silencio. Siguió mirando al horizonte y repitió: “águila, ¡qué hermosa eres!”. Desde ese día comenzó a contemplar el cielo y se deleitaba con aquella ave majestuosa. Se escondía para observarla, ya que si la llegaban a ver que no estaba escarbando la tierra y comiendo lo que encontraba, cantando cada tanto, es decir, haciendo todo lo que hacen los pollos y gallinas, lo podrían regañar. 

El cuento original termina diciendo que terminó su vida pensando que era un pollo, sin descubrir jamás que era un águila. Pero aquí entra mi creatividad y quiero seguir el cuento de otra manera. Veamos qué pasará.

La vida en el corral seguía su curso. Ramón (ese será el nombre que le daremos a nuestro amigo el pollo) seguía mirando todos los días al cielo y contemplaba las águilas en vuelo. Al mediodía, mientras todos hacían la siesta, él se apartaba un poco del corral y comenzaba a agitar tus alas. Descubrió con mucha alegría que podía volar más alto que sus compañeros. Que no hacía tanto esfuerzo y podía elevarse. En una ocasión pudo superar la valla del corral y llegar cerca de la arboleda cercana. Se sintió muy feliz. Tenía que guardar este secreto, si no se iban a enfadar con él. Lo hacía todos los días, cuando nadie lo veía. Estando en aquel lugar, cual no sería su sorpresa, vio a lo lejos aquella águila majestuosa que tanto admiraba. Tuvo mucho temor y se puso a temblar. Le vinieron a su mente las palabras del gallo del corral: “Ten mucho cuidado porque si te coge te mata con sus garras, te desgarra, te lleva a su nido y te come. Serás el alimento tanto de él como de sus crías”. Aquella ave majestuosa  lo había visto desde lejos y se le acercó. Ramón se sintió morir de temor.

Hola amiguito, ¿cómo estás? — le dijo —  ¿Qué te pasa? — prosiguió — Tranquilo que no te voy a hacer nada. Te he visto llegar y por eso me he acercado. No te había visto antes. Pero… ¿Por qué estás tan asustado? —

¿No me vas a matar y a comer? — le respondió con voz trémula —

Ja ja ja ja — comenzó a reírse — Pero estás loco. Las águilas no nos comemos entre nosotras —

¿Nosotras? — se sorprendió — ¿Águilas? Yo no soy un águila. Yo soy un pollo

¿QUÉ? ¡Y yo soy María Antonieta! Ja ja ja ja. Pero ¿Qué dices? Tú no eres un pollo ni ocho cuartos. Tú eres un águila real como lo soy yo. ¿Quién te ha hecho creer que eres un pollo de corral? 

Ramón no sabía qué decir, ni qué pensar. Se sintió muy confundido y comenzó a contarle que vivía en el corral de la granja. Que siempre había vivido ahí comportándose como un pollo de corral. 

A ver pequeño, ven conmigo. Tranquilo que no te voy a comer, además eres puro “buche y pluma” No tienes ni carne para un pastel. Aquí mismo está una laguna. Ven que te voy a enseñar algo — 

Comenzó a volar, pero vio que Ramón no lo seguía en vuelo sino que caminaba. Se regresó y junto a él caminó hasta el lago cercano. 

Ven acá y asómate junto conmigo al agua — El agua estaba tan tranquila que parecía un espejo. Enseguida se reflejaron sus figuras en el agua.

Yo soy un águila real y eso no se puede discutir, ¿Qué figuras ves reflejadas en el agua? 

— Dos águilas reales — 

¡Ya está! ¡Resuelto el dilema! Eres un águila real como lo soy yo. Te han hecho creer que eras un pollo, pero no es así. Lo puedes ver con tus propios ojos. Por cierto, yo soy Claudio, ¿Cómo te llamas? Espero que tengas un nombre —

Ramón, me llamo Ramón — contestó mientras seguía observándose en el agua —

Ya era la hora de regresar al corral. Dentro de poco todos se levantarían de la siesta y se darían cuenta de que no estaba ahí y se iban a enfadar con él. Pero era tal la confusión que sentía, los sentimientos encontrados que no sabía qué hacer. 

Te propongo algo Ramón. Si quieres yo te voy a enseñar todo lo que puedes hacer. Te vuelvo a repetir, eres un águila real y no un vulgar pollo de corral. Pero no te puedo obligar a nada. Tienes que ser tú quien tome la decisión si quieres seguir siendo un pollo o convertirte en un águila

Ahora me tengo que ir. Dentro de poco se darán cuenta de que no estoy en el corral y se van a enojar conmigo. La verdad es que estoy tan confundido que no sé que hacer. Lo siento Claudio. Me tengo que ir — 

Sin pensarlo dos veces comenzó a correr hacia el corral. Claudio se lo quedó mirando y se le llenó su corazón de gran tristeza, pero sabía que no lo podía obligar. Si él quería ser pollo o águila era una decisión personal. Lo vio como se alejaba y se perdía en dirección al corral. Alzó el vuelo y se perdió al horizonte.

Ramón llegó muy agitado. Se echó en su nido y no se movió. Los demás se extrañaron de su actitud, pero no le hicieron caso. 

Esa noche nuestro amigo plumífero no pudo dormir. En su cabeza se sucedían todos los acontecimientos del día. El encuentro con Claudio y sobre todo, todos los sentimientos encontrados. No podía contar a nadie lo que había hecho, eso hacía más pesada toda su situación. Lo había visto con sus propios ojos. Era un águila real. Solamente pensarlo se sentía orgulloso de ello, pero comenzó a dudar ¿Y si es todo una mentira? ¿Y si lo que quiere es engañarme y así me mata, me come? ¿Y si tiene razón? Vaya por Dios, ¡Qué lío!

Trató de comportarse normal, como todos los demás. Pero el gallo comenzó a sospechar.

A ti algo te pasa. Desde hace días te veo raro. Estás comiendo poco, se te ve más aislado, no colaboras con los demás. ¿Qué te pasa? —

No me pasa nada. No me he sentido bien estos días, eso es todo — 

Bueno tu sabrás. Solo te digo una cosa, cómo sigas así se van a dar cuenta los señores y te meterás en un problema. Terminarás en una olla hirviendo y siendo pasto de los perros. Tienes una imaginación muy grande tú y eso no te trae más que problemas. Tú eres lo que eres un nada más. Eres un pollo de corral y cómo tal te has de comportar. Te has puesto extraño desde la vez que viste al águila en vuelo. Ten cuidado, solo te digo eso, ten cuidado Ramón y no te dejes llevar por tu imaginación —.

Esa noche soñó que volava. Volava alto como Claudio. Tenía una vista muy aguda que podía ver hasta los pequeños detalles del paisaje, los animales que corrían despavoridos, los ríos, las cascadas. Era maravilloso. Sintió una gran libertad dentro, su corazón se expandía. Al despertarse se dio cuenta de su realidad, que no era esa águila anhelada sino un ave de corral o …. ¿Quizás no? 

No aguantó más y planificó volver a ver a Claudio. Iría a su encuentro. Muchas dudas lo atormentaban. Al comenzar la siesta, sabiendo que todos estaban durmiendo (todos menos uno), se escapó. Alzó el vuelo y atravesó la valla del corral. El gallo lo vio irse, no hizo nada para detenerlo. Cuando regresara lo iba a escuchar se le iban a quitar las ganas de volverse a escapar. 

Llegó al sitio donde había encontrado a Claudio, pero no lo vio. Espero a que llegará, pero no se hizo presente. Era tarde y no podía regresar al corral. Con mucho cuidado se encaramó al árbol más alto y se dispuso a pasar la noche. Todos sus demonios personales le atacaron aquella noche. ¿Y si era todo mentira? ¿Había cometido el error de su vida al abandonar la seguridad del corral? Ahí al menos tenía cobijo y comida. Ahora se encontraba solo en medio de la nada. Se sintió tan triste que comenzó a llorar mientras oteaba al horizonte. Sin darse cuenta se quedó dormido.

Buenos días — Se sobresaltó al escuchar aquella voz que era conocida. Al abrir sus ojos se dio cuenta que Claudio estaba a su lado.

Buenos días Claudio

¿Qué haces aquí solo?

Me escapé del corral ayer. Vine aquí esperando encontrarte. Me subí hasta aquí como pude y me dispuse a pasar la noche

Has hecho bien. ¿Preparado para convertirte en águila?

Es lo que más deseo en la vida

Eso me basta. Tu deseo de hacerlo. Solo te pido una cosa. Confía en ti y confía en mí. No me digas “no puedo”, quiero escucharte decir “lo intentaré”. Desde ya te digo que no será fácil, pero una cosa es segura, podrás. Pero te tienes que convencer tú mismo de ello. Lo primero que haremos es volar — al escuchar “volar” sintió un sobresalto entro — Así que acompáñame.

Se dirigieron al borde del precipicio más cercano. Una vista preciosa de todo el valle se podía divisar desde esa altura. 

Bien. Es fácil Ramón. Ve lo que hago yo y eso mismo harás

No voy a poder…perdón, perdón….lo intentaré….—

Esa es la actitud. No va pasar nada malo. Tú puedes hacerlo. Además yo voy a estar a tu lado. No vas a estar solo, estaré contigo, pero el esfuerzo lo tienes que hacer tú. Haz exactamente lo que te digo

Claudio se encogió un poco y se tiró al vacío. Extendió sus alas y comenzó a volar. Ramón se quedó admirado de tan hermoso y majestuoso vuelo. Parecía tan fácil. Dio una vuelta y regresó a su lado.

Ahora te toca a ti. No lo pienses mucho y tírate al vacío Ramón. Extiendes tus alas y con un movimiento suave de las mismas te darás cuenta que con poco esfuerzo alcanzarás buenos resultados. Yo estaré a tu lado. Lo lograrás. Un consejo precioso, no mires hacia abajo, mira adelante, al horizonte.

No había sentido tanto temor en su vida. Tirarse al vacío. ¿Y si no levantaba el vuelo? Seguro que se estrellaría contra las rocas. Suspiró profundo. No voy a poder… sí, sí voy a poder…. Uffff Dios mío…. Lo intentaré. 

Se inclinó un poco y se tiró al vacío. Miró hacia abajo, tuvo temor y comenzó a caer. 

No mires hacia abajo Ramón. Extiende tus alas ahora mismo y mira al horizonte

El terror iba en aumento, seguía su descenso en forma rápida. Pasaron en su memoria tantos recuerdos. Era el final. Nadie lo mandó a abandonar el corral. Él era un pollo y como tal tenía que comportarse. La caída se hacía cada vez más rápida. Se acercaba a las rocas. 

¡Ramón! ¡Escúchame! ¡Extiende tus alas coño! ¡Ya, ahora mismo! ¡RAMÓN!

Escuchó el grito de Claudio, dejó de mirar hacia abajo, oteó al horizonte y extendió las alas.

MILAGRO, comenzó a volar.

¡Wow! ¡wow! ¡wow! ¡Estoy volando! ¡Claudio estoy volando! 

Claudio se puso a su lado

Te lo dije Ramón, te lo dije. Es cuestión de confiar más en ti. Lo que te propongas lo lograrás. Tú eres un águila real, no eres un pollo. Nunca lo has sido. Qué orgulloso me siento de ti amigo querido. ¡Ven, sígueme!

La alegría de Ramón era inmensa. Siguió a su amigo quien lo llevó por parajes preciosos. A lo lejos pudo divisar el corral. Agudizó la vista y pudo observar al gallo que lo miraba curioso, a su lado las gallinas cacareaban y rasgaban la tierra. Al ver que se acercaban, salió corriendo y se resguardó junto con todos los demás. 

Así fue como Ramón, que siempre pensó que era un pollo, descubrió que era una águila real. Si no hubiera dado el paso de salir de su “zona de confort”, de sus seguridades, de seguir lo que sentía dentro, jamás hubiera cambiado y habría terminado su vida pensado ser lo que no era. Qué tristeza llegar al final de tu vida sin desarrollar al máximo lo que hay dentro de ti. Los dones preciosos que se te donaron al momento de nacer. ¡Quieres seguir siendo un vulgar pollo de corral cuando en realidad eres un águila real? A ti la elección. Solo recuerda una cosa: Solo, sola, no estás.

Derecho de autor. “SAFE CREATIVE”. safecreative.com

2 comentarios sobre “El águila que se creía pollo de corral (Cuento)

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