Madre perla

Contenta cantaba en el fondo del mar. Los seres marinos apreciaban su versar. Su voz se extendía a gran distancia, era feliz en su sencillez, sin arrogancia. 

Comenzó a agitarse la marea, cosa que a ella no le preocupó, siguió concentrada en su hermoso canto. De repente un objeto extraño dentro se le coló. Se cerró de repente y quiso expulsarlo. Mientras más esfuerzo hacía, más aquel objeto se introducía y, por ende, sufrimiento le producía.

¿Pero qué es esto? – Se preguntó angustiada, mas respuesta nunca encontró. 

Era tanto su dolor, que sus lágrimas de nácar comenzaron a brotar y aquel objeto, con ellas, comenzó a ocultar. Cierta calma lograba encontrar, mas de llorar, no podía parar.

Pasaron los años, con ellos los días, estaciones, lunas, mareas, noches cálidas y también frías. 

Un día de esos sin importancia alguna, sintió que la arrancaban de su elemento vital. En ese momento supo que era el final. Algo de ello había oído. Seres extraños que arrebatan del fondo las ostras marinas sin pedir permiso. No pudo hacer caso omiso, se entregó sin mas a su nuevo suplicio.

Un objeto contundente abrió su delicado vientre y dentro se encontraba aquello que fue el comienzo de su dolor. No le dio tiempo de gritar, quejarse o tener pudor, le fue arrancado, sin miramientos ni cuidado. 

Pensó morir, mas no fue así. Siguió viviendo en forma extraña. Todos la admiraban al verla, era la más hermosa. La madre perla.

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