Presencia ausente

Un nuevo día que amanece.

Tímido el sol asoma por el horizonte desafiando y venciendo las tinieblas.

La luz siempre vence. La oscuridad es el preludio que un sol que vendrá. Quizás tarde, pero siempre aparecerá fuerte y robusto.

Las olas danzan su milenaria melodía. 

Un barco en la lejanía me produce melancolía. El viento peina paciente las palmeras. Las nubes grises se disipan a lo lejos. La playa desierta espera los pocos turistas que aún quedan.

Me cruzo con algún que otro transeúnte. Se entrecruzan las miradas, pero no hay saludo alguno. Cada uno en su pequeño mundo. Camino sereno contemplando el paisaje.

Me quito los zapatos. La arena un tanto fresca juega con mis pies desnudos. Se pierde en medio de mis dedos. Me siento libre, sereno en medio de aquel ambiente. Repito en silencio una y mil veces: “gracias”. Siento la necesidad de agradecer: por la vida, por el día que comienza, por los amigos que la vida me ha donado, por la piedra que encontré en mi camino, por la oportunidad que se me brinda, por las personas que me aman, por mi cultura y mis raíces, por todos los dones recibidos… 

Una gaviota vuela a lo lejos. Sola planea magistral. Dominio total del vuelo. No puedo evitar un sentimiento profundo de soledad, mas no tristeza. La soledad que produce la distancia, sobre todo el estar distante de la familia; de la tierra nativa; de los amaneceres deltanos; de los atardeceres, y tormentas sabaneras; del agua tiepida del Caribe; del sabor único de la arepa, del pabellón, de la empanada (sabor a madre, a padre, a hermanos, a hogar….) 

Me siento en la orilla, oteo el horizonte, respiro profundo. 

Cierro mis ojos y, sin poder evitarlo, una lagrima se me escapa. Abre un surco. Detrás de ellas unas cuantas más, creando un pequeño riachuelo. Llanto purificador, liberador, restaurador, en el silencio de una playa solitaria. ¡Benditas lágrimas que nos permiten expresar los profundos sentimientos! 

El sol se afianza a lo lejos. Sus rayos entibian mi cuerpo. Cálida presencia en la ausencia. 

Pasan las horas y yo inmutable mientras siento la extraña sensación de deslizarme, cual arena en medio de los dedos, en un tiempo sin tiempo, en medio de un espacio infinito. Silencio, solo silencio…… silencio….

4 comentarios sobre “Presencia ausente

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