Esperar contra toda esperanza.

Esperar contra toda esperanza, no es para nada fácil.

Hace unas semanas hice una entrevista de trabajo. Buscaban a alguien que dominara el italiano, tanto hablado como escrito. Me presenté, hice la prueba tanto escrita como oral y quedé satisfecho del resultado. Ellos también quedaron satisfechos. El italiano lo considero mi segunda lengua, después de haber trabajado como profesor en Italia por muchos años, además del gusto y amor que siento por esta lengua. 

“Te llamaremos”, fue la respuesta final. Cada semana que pasa merma esa esperanza de ser llamado para el empleo. Con esta empezamos la tercera semana de espera. ¿Llamarán o no?

Nada fácil encontrar trabajo, sea en mi campo o el cualquier otro cuando tienes 52 años, sobre todo en una sociedad donde se valora más la juventud, que la experiencia.

Son tres años buscando trabajo. He colaborado con la Cruz Roja como profesor, el voluntariado siempre me ha gustado, pero no da para vivir, para comer. 

He entregado curriculum en los gabinetes pedagógicos, algunos te dicen que los mandes vía email. Presentarme a las escuelas privadas, en las estaciones de servicio, donde sea necesario un trabajador, pues no me cierro solo a mi campo.

Entrevistas realizadas, encajas perfectamente en el perfil requerido, la misma respuesta: “Te llamaremos” y nada.

Es ahí donde entra en juego la esperanza. Cuando intentas e intentas y nada, la sensación de frustración es grande, de derrota. Sabes lo que vales, sabes quién eres y lo que puedes aportar en el campo pedagógico, en el campo de la motivación, del acompañamiento y no logras conseguir nada. 

Me pregunto si estoy fallando en las formas o maneras, no lo sé.

Mantener la esperanza en una situación como está no es nada fácil. La única certeza es seguir en la búsqueda y creer que algo bueno surgirá, pero no puedo negar que en ocasiones me siento triste. Es como tener la certeza de caminar, de seguir caminando en un camino oscuro. No te puedes detener, no puedes mirar hacia atrás, sino seguir adelante. Mantener la certeza de que una luz encontrarás, mientras tanto caminar, caminar con la frente en alto, dejando que el viento seque las lágrimas que se versan de vez en cuando.

Mi padre siempre fue positivo. En todo momento veía “el vaso medio lleno”, en ves de verlo “medio vacío”. En los pocos momentos que lo vi preocupado y a punto de derrumbarse tenía una frase que repetía: “Dios es muy grande. Dios no le falta nunca a nadie”. Era una persona muy reservada y no mostraba sus sentimientos, pero ese sentido positivo de la vida lo he aprendido de él. 

Mi madre era fuerte y tenaz. Una voluntad de hierro. Capaz de soportar el dolor hasta los límites y sonreír, jamás quejarse. No se dejaba vencer por las contrariedades de la vida, pero no solía ser tan positiva como mi padre. 

En los momentos de dificultades en mi vida, siento que aflora en mí lo aprendido de ambos. Lo positivo de la vida, manteniendo la esperanza (Dios es muy grande, Dios no le falta nunca a nadie)  y la fortaleza, tenacidad y voluntad de hierro de mi madre. 

No caer en la tentación de detenerme a la vera del camino y comenzar a lamerme las heridas ya que eso me llevaría a un proceso de auto-destrucción que no quiero, por ello renuevo cada momento esa esperanza. 

Mi gran sueño es dedicarme por entero a la escritura. Me digo que quizás esto sea un signo, no encontrar nada para que me centre en escribir, en realizar ese proyecto que tengo desde hace años. Pero no puedo mantenerme con la sola escritura, esa es la realidad. Eso mismo hace que comience a escribir y a cierto punto me detenga y no pueda seguir. 

Cada mañana me levanto y lo primero que hago es dar gracias a Dios por lo que tengo, por lo que he obtenido. Doy gracias por mi familia, sea vivos como difuntos, por las personas que amo y me aman, porque hay quien está a mi lado y me anima, momento en el que renuevo esa esperanza: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un nido en brazos de su madre. Espere Israel en el Señor (espera Omar en el Señor) ahora y siempre”. (Sal 130).

6 comentarios sobre “Esperar contra toda esperanza.

  1. ¡Qué valiente eres!
    Te invito a que en los momentos flacos recites con todas tus fuerzas este salmo:
    “Aunque la higuera no eche yemas y la viña no de más fruto, aunque el olivo olvide su aceituna y el campo no de cosecha, aunque se acaben las ovejas del redil y no queden vacas en el establo, yo esperaré en Dios y me gloriaré de que ÉL SEA MI SALVADOR”
    ¡Animo el Señor está contigo!

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