Asume tu responsabilidad

Una de las tentaciones que deberíamos evitar, es la de echarle la culpa a los demás de nuestras desgracias, situaciones desconcertantes, fallos, fracasos o tristezas. 

Mi amigo Alberto tuvo una infancia muy dura, difícil. Un padre violento y una madre temerosa (temía a su padre y jamás intervenía). Los maltrataos y las humillaciones de su padre eran variadas y no mermaban, sino que iban en aumento. Peor cuando Alberto manifestó su homosexualidad, recién cumplidos los veinte años. Fue repudiado de la familia. Su madre lo quería y mucho, pero por no llevarle la contraria al padre, callaba. Le estuvo ayudando económicamente escondida del padre, hasta que se pudo establecer y conseguir un trabajo. 

El odio y el rencor por el padre eran grandes e iban en aumento. Cortó cualquier tipo de relación con él, tampoco su padre quería saber nada de su hijo. Supo que su padres estaba muriendo y no fue a visitarlo; al morir no fue al funeral.

No quiero saber nada de ese Señor, me desgració la vida para siempre — decía —.

El odio y rencor se volcaron después de la muerte de su padre en la figura de su madre. La culpaba de no haber intervenido y de haberte tenido temor a su padre. Jamás lo defendió de las palizas que le propinaba.

En todas las conversaciones que mantenía, tarde o temprano aparecía el tema. Todo giraba en que era un desgraciado por culpa de sus padres. 

No podemos regresar al pasado y cambiar los acontecimientos que hemos vivido. Seguro que han dejado honda huella en nosotros, cicatrices difíciles de sanar, pero sí somos responsables de nuestro presente y de nuestro futuro.

¿Hasta cuándo seguimos perdiendo el tiempo culpado a otros de nuestras desgracias? Sean padres, hermanos, tíos, circunstancias que hemos vivido. 

En ocasiones nos hemos acostumbrados a ser víctimas, a lamernos las heridas para causar “compasión” de los demás. 

Creo en la capacidad del ser humano para superar los traumas, para cambiar, para asumir su vida. Todo trauma puede ser superado (con la ayuda adecuada). La base fundamental es la voluntad, el querer superar, asumir el pasado por muy cruel que haya sido. Si no existe la voluntad, no se podrá hacer nada. 

En más de una ocasione he manifestado que mi infancia no fue para nada fácil. Mi madre depresiva – bipolar, con brotes fuertes de violencia (verbal y física) enseñándose conmigo. No recuerdo en mi infancia una caricia, un beso de su parte. Ataques de pánico, días enteros en una cama sin querer comer, intentos de suicidio. Mi padre ausente, tenía que trabajar para sustentarnos. Se había refugiado en el trabajo para poder seguir adelante con esta situación. No se puede negar el gran amor que profesó a mi madre, ese mismo amor que le ayudó a seguir adelante, otro en su lugar hubiera tomado otra decisión.

Ese periodo que debería ser hermoso, pleno para un niño, para mí no lo fue. El tiempo donde se cimientan las bases de la personalidad, estuvo plagado de sentimientos de culpa, de temores, de incertidumbres, de pánico. 

A cierto punto de mi vida, revisando mi historia, me di cuenta de que no podía seguir culpando a mis padres, sobre todo a mi madre, de mis desgracias, miedos, inseguridades. Que tenía que tomar la riendas de mi vida y escribir mi propia historia. Que era imposible retornar al pasado para cambiarlo, pero que era responsable de mi presente y por ende de mi futuro. 

Comprendí que mi madre estaba enferma, no actuaba de voluntad propia. Que mi padre solo quería sobrevivir en el ambiente que le había tocado vivir, sobre todo la relación con mi madre. No eximo a nadie del mal realizado, sobre todo porque era un niño y no me podía defender. Las heridas estaban, pero dejé de lamerlas, se cerraron las cicatrices y se convirtieron en trofeos de vida. Es decir, el mal fue realizado, fue hecho y no se puede negar, pero pasó. La vida continúa. 

Gracias a mis padres, sean lo que hayan sido, tengo la vida. La oportunidad de estar escribiendo ahora aquí estando con contacto contigo que me lees. Puedo despertarme cada mañana y renovar la esperanza. Tengo un techo que me cobija y alguien que me ama. 

Cuando entendí por qué mi madre reaccionaba de esa manera, comencé a amarla con toda mis fuerzas, al igual que a mi padre. En medio estuvo el perdón a ambos. Las circunstancias de la vida nos impulsan a actuar de una u otra forma. 

En mí está el poder de dejar el fardo pesado del odio, del rencor que eclipsan mi existencia y me hacen un ser frustrado, anclado en el pasado, sin asumir mi responsabilidad.

Alberto aún hoy, después de tantos años, sigue culpado a su padre de su desgracia. Maltrata a su madre, con gestos  y palabras, porque no lo defendió. Sigue anclado en el pasado. Las veces que quiero hacerle ver su error se molesta. No quiere que se hable del asunto. En una oportunidad se molestó tanto conmigo que me dejó de hablar por un mes. Viendo su sufrimiento, basándome en mi experiencia, quise darle una mano. Toqué una herida y saltó. Su reacción fue alejarse de mí. Qué cierta es la frase: “la verdad duele”. Ha optado por quedarse anclado. Todo no por su culpa, sino por culpa de otros. Si él no quiere cambiar, no quiere dar pasos, nadie podrá hacerlo por él.  Sin voluntad no hay ayuda.

Hasta que no lleguemos a tomar las riendas de nuestra vida, seguiremos siendo esclavos del pasado y reforzaremos el mal que nos han hecho. Los demonios seguirán creciendo, quitándonos la oportunidad de ser felices. En realidad son tan pequeños esos demonios personales; somos nosotros los que los alimentamos y damos el poder de destruirnos lentamente. 

La verdad los hará libre, dice Jesús en el evangelio (Jn 8, 32) . Así es, hasta no enfrentar nuestra verdad, aceptar e integrar nuestra historia, perdonar a quien nos hizo mal (Ya escribí un artículo sobre este tema del perdón y su significado profundo) y asumir nuestra responsabilidad, no seremos realmente libres. 

Termino recalcando una cosa importas, “ES POSIBLE”. El primero que se tiene que convencer de ello (primer paso para cambiar) eres tú mismo. No hablo desde la teoría, sino desde mi propia experiencia. 

2 comentarios sobre “Asume tu responsabilidad

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