La historia de Patricia

Patricia era una joven cándida, dulce, amable. Había recibido una educación que la impulsaba a ser solidaria, a compartir lo que tenía y sobre todo el respeto hacia los demás. 

Solía ir a pasear al bosque las veces que podía. La acompañaba en su paseo Bart, un

labrador retriever. Fue un regalo de su padre al cumplir los diez años. Solían jugar y perderse en medio de la foresta. Nada temía porque sabía que su fiel amigo la iba a cuidar en todo momento.

Un día de mayo, en plena primavera Patricia iba cantando y saltando cuando vio algo que le llamó la atención. Se detuvo y fue al encuentro de aquello que le había llamado la atención. 

— Hola hermosa — escuchó una voz un tanto extraña.

Buscó por todas partes hasta que dio con el origen de aquel saludo 

¿Eres tú quién me está hablando? — preguntó sorprendida.

Pues sí, soy yo —.

Pero las serpientes no hablan — le dijo a cierta distancia —.

Yo si hablo. Es que siempre nos pintan como las malas pero no es cierto. Yo soy muy buena y no hago daño a nadie —.

No sé que decir. Tengo entendido que pueden morder y hacer daño —.

Mentira, eso no es verdad. Se ve que tú eres muy inteligente y una buena persona. Se te ve alegre, inteligente y muy educada. Eso es muy bueno —

Patricia comenzó a perder el temor y se acercó. Bart ladraba, pues temía a aquel animal. 

Tranquilo Bart, no me va a hacer nada —

Que linda eres. Si quieres me puedes llevar a tu casa. Te prometo que me comportaré muy bien —

No sería una mala idea, ven conmigo — 

Extendió su mano. La serpiente subió hasta su hombro y se estuvo quieta. Patricia se fue contenta a casa.  No dijo nada a sus padres. La dejó escondida en su cuarto. Todos los días jugaban y se divertían. Patricia le había cogido afecto a aquel temido animal. Para jugar dejaba a Bart fuera de la habitación, pues el perro siempre le ladraba y estaba inquieto en su presencia.

En una ocasión Patricia, como de costumbre, después de desayunar fue a su habitación a jugar con la serpiente. Entró, comenzó a buscarla y a llamarla. Hasta que la encontró

— Por fin te encuentro, ven que vamos a jugar —

Le extendió la mano y en ese preciso instante la atacó. Le mordió la mano y acto seguido se escapó por la ventana. 

Como pudo Patricia abrió la puerta y se desplomó. Bart acudió a ella corriendo junto con sus padres. La llevaron al hospital donde se salvó de milagro. 

Fue larga y dolorosa la recuperación. A los meses pudo volver a salir e ir a jugar al bosque de nuevo con su amigo Bart. 

Le gustaba sentarse a la orilla del riachuelo y ver el agua correr. En ese momento escuchó un ruido detrás de ella. Se asustó y miró enseguida a ver de donde procedía el ruido, y sobre todo qué lo producía.

— Hola hermosa Patricia ¿Cómo estás? —.

Se sobresaltó porque había reconocido aquella voz. Se levantó y se dispuso a correr.

— No temas mi niña, no temas. Lo siento por lo que pasó aquella vez. Te cuento, no me sentía mal. No había dormido bien ese día y no sé que me sucedió. Pero he cambiado. Para que veas que he cambiado mira —.

Comenzó a cambiar de piel delante de ella. 

— Ves, he cambiado, ahora soy otra, no soy la misma. Te lo puedo asegurar —

— Tengo temor. Tu mordedura de la otra vez casi me quita la vida. No te había hecho nada y siempre te he tratado con respeto y consideración —

— Si lo siento. Déjame demostrarte que he cambiado. Llévame a tu casa y comenzaremos de nuevo —

Lo pensó y al final consintió llevarla de nuevo a casa. 

Extendió su mano y la serpiente subió hasta su hombro. Llegaron a casa y ella la introdujo de nuevo en su habitación. Los días sucesivos fueron como antes. Jugaban al escondite y se divertían, hasta llegaron a dormir juntas. El reptil se mostraba manso y sumiso. 

Patricia tenía una gran amiga que se llamaba Laura. Le había contado su relación con la serpiente.

— Tú estás loca Patricia. Ese animal es peligroso. No te puedes confiar. En el momento que menos lo pienses te va a agredir. Después no digas que no te lo dije —

— No chica, no lo va a hacer. Ha cambiado. Yo misma ví como había cambiado hasta de piel. Es otro animal, tranquilo, sereno y nada agresivo —

— Una serpiente es una serpiente Patricia. Ten mucho cuidado por favor —

En una ocasión Patricia decidió llevarse a la serpiente al bosque. Supuso que le haría falta su habitad. Salieron temprano, ella la serpiente y Bart, que siempre iba a distancia de ambas, pero no la desamparaba. 

La serpiente iba delante abriendo camino. Le había dicho que así era más seguro porque nada los iba a atacar. A cierto punto se vuelve y se la queda mirando. 

Extiende la mano Patricia, quiero ver algo

Patricia extendió su mano. En ese preciso instante “zaz”, la mordió y se perdió en medio de los matorrales. 

Patricia gritó fuerte. Su padre no se encontraba lejos y por el grito de su hija y los ladridos de Bart pudo llegar a donde se encontraba. 

Fue llevada de emergencia al hospital. Esta vez le amputaron la mano que había sido mordida. De milagro se salvó. 

Larga también fue esta recuperación. Muchos días en cama con suero. No fue fácil adaptarse a su nueva situación, pero lo hizo. Había perdido un miembro importante siendo muy joven. 

Un día de agosto, en pleno verano, se encontraba en su habitación con la ventana abierta por el calor. Sus padres habían ido al pueblo en busca de víveres. Bart se encontraba a los pies de la cama. 

Cuando se dio cuenta la serpiente se encontraba en la ventana. 

Hola hermosa niña, ¿Qué tal estás? —

Grande fue su sobresalto. Bart comenzó a ladrar. Se incorporó y aferró un bate de su hermano que tenía cerca de la cama.

Sal inmediatamente de aquí —

¡Perdóname! ¡Perdóname! No era mi intención hacerte daño. No sé lo que me sucedió en aquella ocasión. Lo siento mucho mi niña linda. Pero te puedo asegurar que he cambiado. No soy la misma. Para que veas que es cierto te he traído un regalo — le había traído un diamante. La piedra brillaba y era hermosa —

Gracias, pero no quiero ningún regalo de tu parte. Me has hecho mucho daño. He perdido una mano por tu culpa —

Lo siento mucho, lo siento de veras — comenzó a llorar — Perdóname por favor. Te juro que no lo volveré a hacer. Eres una persona de bien que quiero conservar como amiga

Bueno, está bien. La verdad es que nos la pasábamos muy bien juntas —

Bart comenzó a dar saltos y ladridos. Estaba muy nervioso. No le caía bien aquel animal. Ella se levantó y lo sacó de la habitación para poder conversar tranquila con la serpiente. 

Platicaron largo rato y jugaron también. Era un animal astuto, inteligente, de buena conversación y gran cultura. Con un léxico muy rico que convencía fácil. 

Ahora me tengo que marchar — le dijo la serpiente — 

Si quieres te puedes quedar. Como en otras ocasiones tienes que esconderte. No quiero que te vean mis padres porque no van a aceptar nuestra amistad nunca. Ahora están en el pueblo haciendo la compra del mes y estarán por regresar de un momento a otro. —

Bien, gracias, pues me quedaré — Estaba subida ya en la ventana — ¿Me ayudas a bajar? —

Claro, por cierto he de ponerte un nombre — se acercó — 

En ese preciso momento “zaz”, la serpiente le mordió en el cuello y en el brazo. Con un rápido movimiento se escapó por la ventana. 

Patricia cayó desmayada. Quiso abrir la puerta a Barta, mas no pudo. 

Al cementerio llevan una urna blanca. Llueve a cántaros. El cortejo triste se pierde entre las lápidas. Bart se sintió muy triste por la falta de su amiga. Se negó a comer. No duró más de una semana cuando también falleció.

Cada quien que saque sus conclusiones. Esta es la mía: 

La serpiente serpiente es. No cambiará su naturaleza y actúa como tal. La ingenuidad puede llevarnos a la muerte. En mi vida me he encontrado con personas que sea por su educación o su historia, suelen ser negativas y actúan guiadas por el mal. Confías en ellas, te ofenden, atacan o traicionan. Regresan pidiendo perdón, los perdonas y comienzas de nuevo a confiar en ellas. Cuando menos lo esperas, te vuelven a hacer del mal. Pienso que la naturaleza del ser humano es la bondad y no la maldad, pero diversas circunstancias pueden guiar a la persona hacia la maldad verso sus semejantes. 

Una serpiente jamás actuará como un conejo, como serpiente se comportará. No es mala ni buena (si queremos darle categorías morales) es simplemente una serpiente. Aléjate de quien te hace mal, no te relaciones con personas tóxicas que tu energía te robarán y a la infelicidad, amargura te arrastrarán. 

9 comentarios sobre “La historia de Patricia

      1. Por desgracia todos hemos tenido alguna “serpiente” en nuestra vida. Y lo peor es que no siempre nos damos cuenta y nos dejamos que nos muerda la mano una y otra vez.
        Y por suerte, también tenemos a alguien como Bart para que nos avise y nos salve del mal que nos rodea.
        Me a gustado mucho Omar.
        Te quiero!!! 😘😘😘

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      2. Mi Vesi querida, amiga del alma. Muchas gracias por pasar y dejar tu comentario. Así mismo es, lo peor es que insistimos, pensando que la serpiente cambiará y caemos de nuevo en sus engaños. Como bien dices, menos mal que está nuestro Bart que nos avisa, hay que hacerle caso. Que te piquen una vez y dos está bien, pero ya tres….es mucho 🙂 Un abrazo fuerte, fuerte. Te quiero.

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