Reflexiones al viento

Un nuevo año se abre ante nosotros.

No podemos dejar de preguntarnos ¿Qué nos reparará? Ninguno tiene la certeza de cómo será. Podemos solo augurarnos que nos sucedan cosas muy buenas y las que no sean tan buenas, nos ayuden a conocernos más y a fortalecernos. 

Pienso que lo importante es la actitud con la que se afronta la vida misma. La mejor actitud es ser positivos y mantener siempre la esperanza. Lo digo yo que tiendo a ser un tanto pesimista. Que por mi sensibilidad tiendo a pensar demasiado y darle vuelta a las cosas que me suceden una y otra vez. Cada uno es hijo de su tiempo, de su historia, de su cultura, sin dejar que esto sea determinante. Influye claro está, pero no determina. Somos nosotros a darle sentido a los acontecimientos e interpretar los mismos. 

Hecho una mirada retrospectiva y solo puedo decir una cosa: ¡GRACIAS!. Sí, gracias por todo lo recibido y vivido, aún (quizás más) por lo que me ha hecho sufrir, por los momentos difíciles y que me hicieron versar más de una lágrima. No por ser masoquista, sino por ser realista. Pienso que las cosas que “nos ponen a prueba” nos permiten conocernos más. Darnos cuenta de nuestros recursos y también debilidades. Tomar conciencia de que en ocasiones exageramos y que no nos debemos centrarnos solo en lo negativo de una situación dada. Cuando he estado en la profundidad del pozo me he dado cuenta de lo afortunado que soy. Tengo un techo donde reposar, comida nunca me ha faltado, afecto y amor tampoco, el cariño, comprensión y cercanía de la gente querida siempre ha estado presente. Sobre todo una persona que comparte mi vida. Nos damos ánimo el uno al otro, compartiendo un proyecto de vida común. Estas cosas me dan fuerza para seguir adelante tratando de mejorar en todo momento. Quiero dejarme sorprender por la vida misma y ese es mi propósito para este año, lo repito: “dejarme sorprender” por la vida. 

Seguir plasmando mis ideas y reflexiones a través de la escritura. Siento la misma como algo importante, una forma de expresión y de ser yo mismo. Quizás sea mi misión en este mundo, cada uno tiene su misión, al menos eso pienso, respetando quien pueda pensar en forma diferente. La vida misma es una gran inspiración para mí, aparte de una gran maestra. ¡Cuánto he aprendido en todos estos años! No me resta que repetir: GRACIAS, pues soy un afortunado. Hay mucha tinta aún por gastar, mucha.

Quisiera pedir perdón a todos ustedes que me leen, sobre todo por no haber agradecido, al final del año, el tiempo que dedican a leer mis letras. Un escritor sin sus lectores, es como una hoja seca al viento; va a la deriva sin rumbo y terminará en el fuego que la consumirá para siempre. Espero me sepan perdonar. Prometo no abandonarlos y ser más agradecido. 

Puedo afirmar que encontré el sentido de mi vida, ayudando a los demás a encontrar en sus vidas un sentido. 

Tiene sentido mi vida en la medida que puedo ayudar, acompañar y dar aquello que he aprendido no solo en los libros, sino a través de la existencia misma, de las experiencias que he vivido.

Se dibuja una sonrisa en mi rostro recordado a tantas personas que tuve la dicha de acompañar. Mi mayor recompensa era cuando al finalizar el curso académico, se acercaba alguno de mis alumnos y me agradecía todo lo que había aprendido, cuanto lo había ayudado. Eso para mí era lo máximo y me hace falta, lo confieso. Me hace falta enseñar pues soy un pedagogo nato. Fui consciente que lo primero que enseña es lo que el educador “es” (su forma de ser, de relacionarse), lo segundo lo que “hace” (forma de comunicarse, hablar, comprender, escuchar) y, por último, lo que “dice” (las teorías que enseña que con su forma de ser refrenda).

Disculpen estas mis “reflexiones al viento” que he querido plasmar. Reflexiones de un escritor enamorado de la vida que siente que aún hay mucho que dar, que enseñar, que escribir….

Termino con un cuento que escribí hace un tiempo y quiero compartir con ustedes: 

Contenta cantaba en el fondo del mar. Los seres marinos apreciaban su versar. Su voz se extendía a gran distancia, era feliz en su sencillez, sin arrogancia. 

Comenzó a agitarse la marea, cosa que a ella no le preocupó, siguió concentrada en su hermoso canto. De repente un objeto extraño dentro se le coló. Se cerró de repente y quiso expulsarlo. Mientras más esfuerzo hacía, más aquel objeto se introducía y, por ende, sufrimiento le producía.

¿Pero qué es esto? — Se preguntó angustiada, mas respuesta nunca encontró. 

Era tanto su dolor, que sus lágrimas de nácar comenzaron a brotar y aquel objeto, con ellas, comenzó a ocultar. Cierta calma lograba encontrar, mas de llorar, no podía parar.

Pasaron los años, con ellos los días, estaciones, lunas, mareas, noches cálidas y también frías. 

Un día de esos sin importancia alguna, sintió que la arrancaban de su elemento vital. En ese momento supo que era el final. Algo de ello había oído. Seres extraños que arrebatan del fondo las ostras marinas sin pedir permiso. No pudo hacer caso omiso, se entregó sin mas a su nuevo suplicio.

Un objeto contundente abrió su delicado vientre y dentro se encontraba aquello que fue el comienzo de su dolor. No le dio tiempo de gritar, quejarse o tener pudor, le fue arrancado, sin miramientos ni cuidado. 

Pensó morir, mas no fue así. Siguió viviendo en forma extraña. Todos la admiraban al verla, era la más hermosa. La madre perla.

3 comentarios sobre “Reflexiones al viento

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