Reflejos de la vida

Me miro al espejo y contemplo mi rostro.

Los años han pasado y dejado su huella, cosa que no me molesta, constato una realidad.

Mi barba blanca, mis ojos con un brillo particular, algunas arrugas al rededor de ellos y en mi frente. Mis labios se esconden bajo el bigote, un mentón escaso, mejillas un tanto pálidas que destacan algunas ojeras. Miro cada detalle…

Atrás quedaron los años de juventud. Ahora el reflejo que me viene es el de un hombre maduro, que ha vivido a plenitud lo que le ha tocado. Sean las cosas positivas y maravillosas, como aquellas que no lo fueron tanto. 

Sonrío recordando tantas cosas. Caminos recorridos: montañas, ríos, llanuras, bosques, sabanas, ciudades, calles. Hijo de una patria martirizada por sus gobernantes, ¡Ah…mi querida Venezuela! cuánto dueles en el alma. Cuán dolorosa es la distancia de la familia, de amigos, del país que te vio nacer y que orgulloso porto dentro. 

Se hacen presente rostros varios: padre, madre, hermanos, amigas, amigos, alumnos de otrora, compañeros de trabajo,  algún amor fugaz, alguno que se regocijó de mi derrota, que me puso una zancadilla o me calumnió….El milagro de relacionarse, sea lo que sea deja una huella de aprendizaje indeleble.

He aprendido a aceptar, no a resignarme. Siempre he sido contrario a la resignación porque me refleja: impotencia, fracaso, tristeza, conformidad, pasividad. Aceptar es comenzar de nuevo, alzar la frente y ver el horizonte desde otras perspectiva, puede haber dolor o tristeza, pero en el fondo esperanza de continuar, de seguir adelante a pesar de todo. Aceptar es oportunidad vivida en una realidad concreta. 

Observo mis ojos una y otra vez. Ojos que han contemplado, admirado, acariciado el paisaje mismo y el rostro amado. Me han perdido entrar en el alma de quien se refleja en ellos. Expresivos siempre han sido, no han podido mentir jamás. Dos lagos profundos y sinceros que reflejan tanto, quizás más de lo que quisiera. Se desbordan con facilidad, doy gracias a mis lágrimas ya que me han permitido desahogarme, sean de alegría, pasión, tristeza, rabia, impotencia….

Miro mis manos, mis dedos. Se hace presente también las huellas del tiempo, alguna que otra mancha y la piel no es tan tersa. Orgulloso estoy de ellas. Me han permitido acariciar, tocar, consolar, rozar; apreciar la textura, el cambio de temperatura, expresar el amor profundo que siento. Estrechando otras manos me ha permitido conocer al interlocutor y sus sentimientos: temor, confianza, desconfianza, distancia, cercanía….Junto con la mirada son aliados perfectos en el conocimiento del otro, en darme una primera impresión que siempre va revisada, sopesada, purificada y enriquecida. 

No pude evitar detallar mi boca con sus labios finos y bien perfilados. Innumerables discursos pronunciados, verdades proclamadas, clases impartidas, besos dados y recibidos de amistad, compañerismo, amor, pasión, ternura… sin olvidar las veces que tuve que callar, pues la ocasión lo premiaba sea por no ofender o porque no era la ocasión. Nada fácil discernir cuándo hablar y cuándo no, sobre todo porque cuando la ignorancia, la arrogancia, la prepotencia hablan, la inteligencia calla. Tampoco sería justo olvidar las veces que tuve que dibujar una sonrisa, aunque si lo que quería era gritar, llorar…no me arrepiento de ello.

Me miro de perfil y observo mi nariz, perfilada, perfecta. Infinidad de aromas me han permitido disfrutar, sobre todo aquellos que quedan impregnados en la memoria: olor a hogar, a madre, a padre, a terruño, a mar, montaña, selva….

La música, el sonido de la natura, la melodía que hay en el más profundo silencio, los consejos que me ayudaron a crecer, las reprimendas que recibí en las correcciones que agradecí, la voz de alguien especial en medio de la multitud, el murmullo del viento, la incesante lluvia caer….los he podido apreciar gracias a mis orejas, medianas, discretas como mi vida misma. 

Satisfecho estoy de la vida. Convencido estoy que aún hay mucho camino por recorrer, miradas que cruzar, manos que estrechar, sonidos que escuchar, palabras que pronunciar, sabores que degustar, abrazos, caricias, besos que dar y recibir, carcajadas y lágrimas que compartir… y si, por algún motivo así no fuere, no me queda más que agradecer a la vida misma la oportunidad que me ha brindado. Si volvería a nacer, recorrería el mismo camino, pues me permitió ser lo que soy ahora en este momento de lo cual me siento muy orgulloso y me impulsa a seguir siendo la mejor versión de mí mismo….gracias, gracias, gracias…..

3 comentarios sobre “Reflejos de la vida

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