Ser diferentes

Me agradó mucho un programa de televisión que vi el día 15/1/2020, “Planeta Calleja”. Trasmitido por uno de los canales españoles. El presentador Jesús Calleja, suele entrevistar sus personajes dentro de aventuras particulares: escalar montañas, cruzar ríos, situaciones extremas que en muchas ocasiones ayudan al entrevistado a enfrentar sus miedos y superarlos. En esta ocasión entrevistó a Sandra Barneda. Periodista, presentadora televisiva, escritora. El equipo del programa se desplazó a Borneo para someter a la invitada a un enorme reto: superar la vía ferrara más alta del mundo. 1.400 metros de desnivel y 7 horas de subida. Un enorme reto. 

Sandra es una mujer hermosa, elegante, muy inteligente. Actualmente es pareja de otra presentadora televisiva: Nagore Robles. Uno de los puntos álgidos del programa es cuando ella comienza a hablar de su condición sexual. Descubrió su homosexualidad en la universidad. 

Se emocionó mucho en el momento en que cuenta a Jesús Calleja cuando se lo confesó a sus padres, los cuales no lo aceptaron en un primer momento. Tuvieron seis meses sin hablarse. Se había roto cualquier contacto. Finalmente se pudo reconciliar con ellos en unas navidades. Nada fácil cuando tus padres no lo entienden o piensan que es solo una etapa, que ya pasará, como le hizo referencia su madre. Ahora reconoce que la relación con los padres es óptima. 

Nada fácil asumir la condición homosexual, ella misma refiere: “Fue todo un proceso porque tú lo puedes asumir internamente, pero luego, el ser diferente cuesta”. 

Para ella encontrarse con su actual pareja, Nagore Robles, fue un momento intenso e importante: “Me enamoré en un plató de televisión en directo. Es lo más fuerte que me ha pasado en mi vida” (lo decía entre lágrimas) “Yo siempre me he controlado mucho. Lo que me pasó es como que te descorchan. No me importa nada ya…toda la vida controlando. Tú imagínate en el trabajo…Nunca, nunca, nunca. Y te ves en la tensión de un programa en directo y ves que tu cuerpo tiembla y no puedes esconderlo. Eso hizo que sintiera que por fin estoy relajada y divirtiéndome”.

Un programa que lo recomiendo, quien tenga la oportunidad de verlo: https://www.cuatro.com/planetacalleja/

Me hizo conmover en más de una ocasión. La figura que tenía de esta gran mujer era de dura, controlada, con pocos sentimientos. Pido perdón por ello, por haber etiquetado solo por las apariencias. Hay que conocer a las personas, sobre todo su historia para poder opinar sobre ellas. Digo opinar, porque jamás me atrevería a juzgar a nadie. Ya he sido juzgado en más de una ocasión y sé lo que se siente. 

Me identifiqué con ella en muchos aspectos. 

Descubrí mi homosexualidad desde muy niño. Mis primeros impulsos sexuales siempre fueron hacia personas de mi mismo sexo. Siempre me enamoraba de mis profesores de deporte. Todo a nivel de fantasías. Viví en el seno de una familia tradicional, muy católica en una Venezuela machista, allá por los años ’70. Mis padres intuían algo y no perdían la oportunidad para hablar sobre el tema y catalogarlo como: aberración, enfermedad, maldición. Un hombre que se acostaba con otro hombre, iba a parar al fuego eterno, al infierno, pues era el castigo que merecían. 

En una ocasión mi madre me dijo, la tan conocida frase: “prefiero un hijo muerto a un hijo gay”. Cada vez que se tocaba el tema en casa, me temblaban las piernas y entraba en un verdadero pánico. Nunca confesé a mis padres mi orientación sexual, pero como digo, lo intuyeron. Desde niño, adolescente o joven aprendí a defenderme, a ocultarme, a “controlarme” (como bien hace referencia Sandra), a mentir, a reprimirme porque te sientes un bicho extraño. Aprendes a ser alguien que no eres. Después con la madurez comienzas a desmontar todo aquello, porque quieres ser tú mismo y ser feliz con todo lo que eres. “Ser diferente cuesta” y vaya si cuesta. 

Con tan solo 17 años dejé mi casa, apenas terminado el bachillerato y entré en el convento. La aceptación total de mi condición homosexual la hice estando dentro, gracias a un amigo que me ayudó. No fue nada fácil. Recuerdo que aquel día lloré mucho, pero sentí un gran alivio. Me quité un peso de encima. No entré a la vida religiosa buscando otra cosa que no fuera entregarme al servicio de los demás, sobre todo de los más necesitados. Desde un primer momento quise ser misionero y lo fui por un espacio de siete años. Me ordené sacerdote en el ’93. En el ’98 me enviaron a Roma a estudiar en la Universidad Pontificia Salesiana, donde terminé el doctorado en pedagogía. La intención era estudiar y regresar a mi país. Los superiores me propusieron ser profesor en la Universidad; responsabilidad que acepté con mucho gusto. Enseñar siempre me ha gustado, orientar, acompañar. Fueron pasando los años. Fui 10 años coordinador de un máster para formadores (enseñar a los futuros formadores en la vida consagrada). Siempre insistí que se debía comenzar por uno mismo. Curar las heridas, convertirse en un verdadero ser humano, para poder ser un buen formador. Dentro de mí vivía una ruptura. Lo que había profesado y lo que sentía. Estar en Roma me hizo replantear toda mi vida, sobre todo cuando conocí a mi actual pareja. Viví dos años una doble vida. Me sentía culpable por este hecho. Todo ello me llevó a replantearme todo. Comencé en un proceso de discernimiento con un psicólogo y un director espiritual. Personas a quienes agradeceré siempre, verdaderos acompañantes y guías. Dos años en este proceso hasta tomar la decisión de salir. Dejar la vida consagrada y tomar mi vida en mis manos. Treinta y dos años de mi vida entregué a la Orden, cosa que no me arrepiento, porque dentro viví años maravillosos. No estaba ni amargado, ni frustrado. Di lo mejor de mí. Fui hermano, profesor, religioso ejemplar. Con 49 años cerraba una etapa de mi vida y comenzaba prácticamente de cero. Nada fácil comenzar a esa edad, pero lo que estaba en juego era mi vida misma, mi felicidad, mi equilibrio psicológico y emocional. A muchos que comenté mi decisión antes de salir, me tildaron de loco. ¿A dónde iba a ir con casi 50 años?Que no dejara toda la tranquilidad y seguridad que tenía. Que podía seguir mi vida así, que nadie se daría cuenta. Pero mi conciencia no me lo permitía. La vida me estaba dando una nueva oportunidad y acepté el reto. Cosa de la cual no me arrepiento en lo más mínimo. 

No ha sido fácil comenzar, sobre todo a cierta edad. Nada fácil encontrar un trabajo, a pesar de mi preparación. He trabajado en una lavandería industrial, cargando lavadoras con sabanas, toallas, fundas muy sucias, hasta con excrementos. Había momentos que sentía que las fuerzas me abandonaban, pero cerraba los ojos, respiraba profundo y seguía adelante. Mi último trabajo fue como obrero en una construcción. Cargar baldosas, botar escombros, batir cemento, pegar cerámica… Exhausto llegaba a casa, pero feliz de trabajar, en lo que fuera. Para mí todo trabajo es honrado. Debo confesar que hubo momentos muy duros. Me puse a prueba tanto física como psicológicamente. Un trabajo que jamás había realizado, pero acepté el reto y lo realicé lo mejor que pude. Quien me dio el trabajo fue un vecino, el cual estaba muy contento con mi forma de trabajar. Podía estar reventado por dentro, pero jamás me quejé. Mi “orgullo indio” me sostuvo. Siempre he defendido que la vida es una ocasión y está plagada de aprendizajes. Sigo en mí búsqueda de empleo, no pierdo la esperanza de encontrar algo más acorde a mi profesión. Mientras tanto sigo escribiendo, una de mis pasiones y uno de mi más grandes sueños, ser escritor.

Sandra hacía referencia que encontrar el amor en su vida le dio un cambio total. Que se encuentra en una etapa de vida hermosa y se siente feliz. Lo mismo puedo decir yo. Encontré el amor de alguien especial que comparte su vida conmigo. Construimos una relación a cuatro manos, es decir, los dos. Ha sido mi apoyo durante todo este tiempo. Nuestro hogar esta formado por Pedro, Leo (bulldog francés), Lía (Parson Terrier) y este servidor. 

Sigo siendo creyente, quizás ahora más que nunca. Jamás me sentí condenado por ser quien soy o cómo soy de parte de Dios que siempre lo he considerado un padre. Medito, leo, cultivo mi vida espiritual aunque si reconozco que no soy practicante. Pienso y defiendo que la verdad no la tiene un grupo en exclusiva, que la construimos o la realizamos entre todos. Por eso mismo tengo amistades con ateos, evangélicos, musulmanes, agnósticos, judíos. Lo que nos une es un sentimiento, no un credo en particular.

Al igual que Sandra haría un llamado a la reflexión, a la comprensión, sobre todo por parte de los padres. La homosexualidad no es una enfermedad (vuelvo a repetirlo) y no somos bichos raros. No es una opción, nadie decide ser homosexual o dejar de serlo. Es tu hijo o tu hija y lo más importante es que sea feliz, no importa con quien se acueste o sus preferencias sexuales. 

Se han producido muchos cambios en nuestra sociedad, pero aún hay muchos aún por realizar. Quiero agradecer a todos aquellos que han luchado por la igualdad, por el reconocimiento de los derechos de los homosexuales, que se nos considere sobre todo seres humanos. 

También agradecer a personas como Sandra que a través de sus testimonios de vida, nos animan a seguir adelante y a seguir siendo “la mejor versión de nosotros mismos”, sobre todo dar testimonio de nuestro vivir, de nuestra historia; con el solo hecho de animar y proclamar: “No estás solo, sola. Eres un ser maravilloso, particular con grandes capacidades. No temas ser tu mismo y así poder encontrar la felicidad y tu realización personal”. 

Agradecer en particular a Jesús Calleja por su programa. Un programa con contenido, alma y sentimiento. Felicidades por dicho programa y deseo que coseche infinidad de éxitos. 

10 comentarios sobre “Ser diferentes

  1. Dar el paso es lo más dificultoso pero cuando s da es una liberación y no entiendo a la gente q juzga por la condición sexual o por la q sea porque para juzgar a los demás antes hay q juzgarse un@ mismo@😉.. Lo importante es amarse y amar sea d la forma q sea.. M alegro por tí y por tu felicidad, querido amigo 👏👏😀Besos y abrazos d luz😘🤗❤🌟❄

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    1. Gracias mi amiga y poetisa del alma. Hay mucho prejuicios aún. Se han dado pasos, pero faltan muchos más. Como bien dices, lo importante es ser feliz y realizado. Doy gracias a la vida por ello y por todo lo que he vivido. Todo me ha ayudado a ser lo que soy ahora. Recibe un fuerte abrazo de mi parte y de nuevo gracias por tu cercanía y apoyo. Besos

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  2. Sabes que te quiero mucho y te admiro desde siempre tanto como perdona como el gran escritor que etrs. Para mí es un gran regalo compartir contigo nuestra amistad y el gusto por las letras. Yo creo que la grandeza de las personas no está en medio de sus piernas sino en la grandeza de su corazón y sabes? Eres grande y me siento orgullosa de llamarte amigo – hermano, espero sinceramente que lo que aquí compartes sea leído y sirva a muchas personas porque por egoísmo o por no querer aceptar la condición sexual los hijos, los padres y familiares nos convertimos en sus peores enemigos al no brindarles el apoyo necesario.

    Me encantó la frase con que culminas tu artículo…

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  3. Querido Omar, te abres en canal, para demostrar que la vida es dura para el que es diferente… Diste un paso enorme, y maravilloso… Para poder vivir como tu querías, aun sabiendo que iba a ser difícil… Pero hay estas donde querías estar y feliz por ello, a pesar de los obstáculos.. Gracias por tu realidad, que nos hacer ver la nuestra, y nos ayuda a seguir adelante.. Te amo😍

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    1. Mi amada Raquel, amiga querida. Muchas gracias por tu comentario. Ha valido la pena todo y si tendría que hacerlo de nuevo, lo haría exactamente igual. Esta decisión me permitió encontrar seres extraordinarios como tu y Pedro, el amor de mi vida. Muchas gracias por estar, por ser, por todo lo que me das, aún sin darte cuenta. Te amo.

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