Mi amiga

¡Mírame a los ojos! – me dijo en forma imperante –

¡No quiero, me niego a hacerlo! – respondí – Pobre iluso, como siempre pensé escapar de ella.

¡Ingrato eres sabes! Te he acompañado por luengos año y sin quererlo te acompañaré aún más – Esta expresión me llegó a la médula – .

Con mis ojos llenos de lágrimas la miré fíjamente, escrutando hasta los más mínimos detalles.

Tímida y temblorosamente extendí mi mano y aferré la suya, pálida, huesuda, cálida y fría a la vez. Un frío marmóreo, un calor arrollador que se extendió por mi mano llegándome directamente al corazón cansado.

Su mirada profunda, fuerte, juzgante, intimidante que llega a lo más profundo a donde se puede llegar en tu ser. Sabe lo que piensas antes de que lo digas, conoce tus sentimientos, tus sufrimientos, tus secretos más íntimos, tus ilusiones, tu pasado, tu historia y quizás si conocerá hasta tu futuro….

Su voz suave, fina, paciente, al igual que la mano, calurosa y fría a la vez; entonada, muy entonada, plácida y errante, aguda; se escucha aunque si no quieras escucharla, aunque te niegues, entra, entra hasta dentro, muy dentro.

De porte elegante, fina, culta, mágica, parece que no caminara sino que flotara cuando se desplaza. Se podría hasta enamorar de ella por su belleza que se puede transformar en fealdad, en maldad, en perdición….Tiene ese poder indescriptible de ser deseada y odiada a la vez. Puede ser fuente de inspiración y también de desesperación, de esperanza pero también de inquietud, de encuentro contigo mismo o de condena, de viva o de suicidio.

Sin pronunciar palabra alguna me dijo:

Fui yo quien te recibió en brazos, al momento de nacer, cuando tu madre, decepcionada, no quiso recibirte.

Jugamos juntos en tu niñez. Juntos nos escondíamos en el closet cuando querías escapar de la escuela. Me contabas tus penas, tus sueños, tus historias interminables de héroes y heroínas sempiternas. Escuchaba pacientemente tus cantos aquellos que te avergonzaste de cantar. Compartiste conmigo tus lágrimas y pesares, te acaricié y te quise, aceptándote en profundidad.

En tu adolescencia te protegí, fui tu compañera en tus momentos de placer solitario. En tus fantasías de amores yo te aconsejé. En los momentos importantes de tu vida tuviste necesidad de mi para tomar decisiones importantes y yo silente te he aconsejado.

También reconozco que me hice presente haciéndote daño conscientemente, a propósito porque así lo he querido y no pienso pedirte perdón porque aún lo haré.

Alcé mi copa de vino tinto, tinto como la sangre que recorre mis venas y brindé por ella, mi amiga soledad.

10 comentarios sobre “Mi amiga

    1. Mi querida amiga. Gracias. Procuraré escribir más seguido. Sigo en mi búsqueda de empleo y en eso se me va casi todo mi tiempo. Nada fácil y en ocasiones pierdo la esperanza. Gracias por tu sostén y oraciones. Un abrazo fuerte, fuerte y mil bendiciones

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    1. Gracias mi Ivonne, me alegra que haya sido de tu agrado. Es la inspiración que escribe, son esos momentos que tocan el alma y no puedes quedarte sin expresar lo sentido. Si puedes lee también “Enjaulado”. Lo escribí en un momento en que así me sentía, un ave encerrada. Un abrazo fuerte y gracias por visitarme y dejar tu comentario.

      Le gusta a 1 persona

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